LÁGRIMAS DE UN MÉDICO DE FAMILIA
El talento de una persona que supo ver a sus pacientes, no sólo como pacientes, sino como pacientes y amigos. 
Una guardia más, una guardia que se presumía tranquila. Era un lunes cualquiera. Camino a la base, adolescentes de hombros caídos y cara somnolienta entran en el instituto.
Relevo de fin de semana duro, la fiesta dejó tras de sí alguna que otra salida sin mucho más que dormir la mona como receta infalible.
<<¡Nos vamos de aviso!>>, era José desde la entrada el que nos alertaba de un nuevo aviso.
<<Varón de 90 años con disnea severa, nos llama el médico de Atención Primaria >>
Casa de pueblo, familia de pueblo, gente sencilla y afable.
Al entrar ese sonido de líquido en pulmón, ese sonido de agua en ebullición tan característico del que se ahoga en sí mismo.
Saturación del 60{dd1faaa974e128bd5987fd795b61a773592e8c72189d8063a58278bb9a158e92}, afebril, corazón va rápido y su tensión está por los suelos… Su corazón se ha cansado de latir, sus 90 años de trabajo piden descansar. La insuficiencia cardíaca anticipa el final de una vida larga y probablemente feliz según relatan mil y una fotografía que salpican paredes y muebles. Fotos que van del blanco y negro, pasando por el sepia al color más color de la actualidad.
Actocortina, Seguril, Aerosol y algo de mórfico…medicación habitual que drena líquido y mejora saturación….
Alfonso abre los ojos por primera vez desde nuestra llegada y sonríe…
Hasta ese momento no había reparado en el médico, ese señor alto de bata blanca que no ha soltado la mano de nuestro (su) paciente.
<<Le da mimos.

Al terminar su jornada, aparca en doble fila y sube a visitarlo>>.

A pesar que un día erró un diagnóstico y una neumonía estuvo a punto de costarle la vida, Alfonso es su padre putativo sin matices.
Así nos lo narran ambas hijas a la par.

<<Escucha, no te hace sentir ridículo aún sabiendo que somos hipocondria pura, te explica por qué te receta y por qué no lo hace>>.
Fue la primera, y no ha sido la única vez, que vi a un compañero soltar una lágrima a la cabecera de un paciente.
Apenas habla y el relato de las hijas nos dibujan la semblanza un médico especial, uno al borde de la jubilación con mil batallas a sus espaldas que esa mañana de lunes llora a su paciente, llora a un ser humano.
El cuidado a los demás es su estilo de vida, ha llegado a ese punto de excelencia donde la salud de los demás es lo que da sentido a la suya propia.
No lo aprendió en la facultad, o sí, esa facultad que es el trato humano en una consulta cercana y sin corazas.
Alfonso se recuperó, tanto se recuperó que permaneció en su domicilio, junto a sus hijas, agarrando a la mano de su esposa cuyo Alzheimer había borrado memoria y no amor.
Al cuidado de su médico, su médico que es su hijo, ese que nunca tuvo, ese que al salir por la puerta nos da las gracias y sonríe, ya no llora, es alegría de médico de familia. 
Y tras aquel aviso me dio por pensar…
La magia de ese médico de Atención Primaria es haber conseguido tratar personas y no pacientes.
En la época de la tecnología como religión lo único que triunfa es el corazón y de eso ese hombre va sobrado.
Enhorabuena compañero, ojalá el día que me toque partir tenga un médico como tú a la cabecera de mi cama. Uno que sea médico y sea familia.
Desde aquí mi reconocimiento más profundo a aquellos médicos y practicantes de pueblo, aquellos que con pocos recursos obraban milagros a base de corazón y creatividad. 

Y así otra batalla y así una profesión.