Cuando sobran palabras y se susurran emociones

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Cuando sobran palabras y se susurran emociones…

 

Era noche cerrada de domingo, el bochorno se podía cortar y la guardia estaba siendo penosa, el teléfono sonó y el aviso nos activó en segundos. Crisis convulsiva en varón de 26 años.

 

A los pocos minutos entrábamos en una casa de esas grandes, muy grandes, con escalera doble de película.

Nos había abierto la puerta un hombre tranquilo y amable…

 

Guille dormitaba sobre la cama húmeda y todo apuntaba que se encontraba post crítico tras cuadrado convulsivo tónico-clónico.

Al tratar de despertarlo un gemido ininteligible…

“Gille es un niño de un año con cuerpo de 26” dijo la madre…la dichosa anoxia perinatal le había condenado a ese déficit cognitivo de por vida.

 

Tensión de 123/74, saturación de 95{67b1d84c7ba24a3d72404dd7e2cff0195098073e148bc1a728d6d167952df1c9}, afebril, glucemia de 123 mg/dl, ritmo sinusal a 77 lxm y respiratoria de 16 rxm. Pupilas isocóricas medias y normoreactivas, no había relajado esfínteres…

En sus 26 años nunca le ha sucedido nada parecido, era su primer cuadro epiléptico, está sano como una pera, alguna alergia al polen y es un niño alegre.

Su mirada se clavó en la mía, mirada clara, ojos tristes…

Tras varios intentos de sus padres, de los otros compañeros, seguía sin querer moverse de la cama.

Le pedí al padre si me dejaba hablar con él, abrió los ojos como platos cuando le empecé a cantar aquella canción en su oído, esa canción de Marco, esa que durante años canté a Pablo y Jimena justo al ir a dormir…agarró mi dedo índice de la mano izquierda buscando algo a lo que aferrarse, buscando cerrar los ojos… ¡tenía sueño!

Tras acariciar su pelo y con el susurro de la canción, conseguimos pasarle a la camilla, nada más hice durante ese traslado al hospital, susurros y mecer su pelo fue su mejor tranquilizante, el mejor sedante…por el camino no pude evitar una lágrima…podría ser mi hijo, ¡qué injusta puede llegar a ser esta vida!

 

Le pasamos a la cama del box de observación con su mano aferrada a mi dedo…Un beso en la frente y un gracias fue mi despedida, al soltarlo y echar la vista atrás, una mirada de por favor no te vayas y otras dichosas lágrimas recorriendo mis mofletes!

 

Historias que recordar, Personas a las que merece la pena nunca olvidar…

 

Y así otra batalla y así una profesión.

 

 

 

 

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