Humanizar sanidad, colorear nuestro trabajo.

 

¡Qué gran verdad!

 

Tan centrados en nuestras técnicas y juicios diagnósticos olvidamos la esencia del trabajo…trabajamos con personas, no con Megacodes, no con simuladores.

 

Hace unos minutos veía la televisión tranquilamente en el sofá de casa, ahora le rodean cuatro señores vestidos de amarillo que hablan otro idioma.

“Si no me pasa nada” repite una y otra vez, “Es un dolorcito de pecho sin más, pero es que mi mujer es muy aprensiva”. 

Su cara lo dice todo, está asustado y desorientado, no menos que su familia…

Lo tenemos que trasladar a un hospital, le dice el médico, él asiente resignado y se deja hacer.

Hablamos con la familia y explicamos la gravedad del cuadro, Juan sufre un Infarto Agudo de Miocardio que requiere de un cateterismo urgente. 

 

Lo subimos a un vehículo cuyo habitáculo es minúsculo, le adornamos de cables, le llueven pinchazos entre luces brillantes…

Juan no entiende nada, su corazón falla y él lo entiende como normal, “Tengo 87 años y un día tenía que llegar el fin,“¡Qué mejor día que un domingo de Resurrección!”, bromea con una sonrisa floja…

En ese momento, constantes controladas y Juan estable, mientras escribía en mi historia clínica le pregunté por su servicio militar, vi una foto sobre la tele. Y fue ahí justo en ese momento, recordando su pasado, cuando Juan se comenzó a sentir Juan. Cuando empezó a vernos como personas y no como máquinas de curar. El trayecto fue largo, una vida contada en una hora que estuvo repleta de muchas sonrisas y alguna lágrima. Una hora de charla entre dos desconocidos donde volcó una y mil lecciones de vida que me hicieron disfrutar del momento tanto como a él….Juan se sintió útil, me dejó otros mil consejos de vida y yo me sentí más humano gracias a Juan.


Al llegar sus manos buscan mi mano que sujeta el fonendo mientas tomo la tensión y un “gracias de corazón” fueron sus palabras…de ese corazón dañado que durante aquella hora recobró la fuerza de sus veinte años…

 

Ese aviso me dejó una lección de vida que nunca olvidaré…

Buscar empatía con el paciente ayuda….


Ayuda y mucho a gestionar su ansiedad, restando niveles de esas sustancias mediadoras del estrés.

Ayuda a aumentar sus niveles de felicidad que tanto beneficia a su estado emocional y hemodinámico.


Nos ayudan a nosotros como sanitarios a prestar una asistencia más integral, a sentirnos más humanos y menos héroes.


Color y sonrisa ayudan al ser humano a sentirse humano en sus momentos más difíciles.


¡Cuántos avisos serían otra cosa si añadiésemos ese plus de humanidad y dignidad que tanto necesitan esos seres humanos asustados al que hoy llamamos paciente y familiares!

 

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