Una madre.
 
Venimos a este mundo entre líquido amniótico derramado por nuestra madre y con suerte lo abandonamos entre lágrimas derramadas por nuestros hijos.
 
De inicio a fin nos une un cordón umbilical a aquella madre, primero real, físico, que pasa a invisible y kilométrico. Allí donde vamos, allí estará. Aunque tú la olvides, ella no, aunque no la llames, allí estará cuando lo hagas. Ese amor no tiene límites, no entiende de peleas, es ese amor que entiende y perdona todo. Ese amor supranatura, se llama madre.
 
Recuerdo olor a sábana limpia que había lavado mi madre, olor a leche hervida que ya había ido a comprar mi madre, tostadas que ya había hecho mi madre, ropa que ya había planchado mi madre, recuerdo agua en mi cabeza y raya al lado hecha con tiralíneas por la mano de mi madre, libros que no olvidaba porque ya me los había puesto delante mi madre…y todo antes de ir a trabajar.
 
Recuerdo besos de chupar carrillo y sonido fino en mi mejilla, la madre de mi padre, la madre de mi madre.
 
Recuerdo que vino mi hermana y mi madre se olvidó de mí, tristeza de rey destronado, pero un buen día caí de aquella bicicleta, ¿Quién sopló aquella herida para que doliese menos?…mi madre, (lo del alcohol en la herida se lo perdono, no había otra cosa). Ya no era rey, ¡seguiría siendo el Príncipe de los buenos tiempos!, tampoco estaba tan mal.
 
Crecí, fui a la Universidad. Una llamada los domingos cuando con 18 años volé del nido, al otro lado del teléfono, al otro lado del charco, otra vez mi madre.
 
Crecí, busqué la vida allí donde la vida me dio una oportunidad, a cinco centenares de kilómetros me vine ganando  20.000 duros al mes, ¿quién me llamaba preguntando si me hacía falta más, ese más que ellos no tenían?…
 
Y tuve hijos, y ¿quién me enseñó a cuidar en lo básico?…
 
Y otras mil preguntas me llevan a la misma respuesta…
 
Y ahora mi madre envejece, y ahora siento esa necesidad que una compañera me comentaba, “se hacen mayores y quiero estar a su lado”.
 
Y ahora entiendo tantas cosas que antes me eran desconocidas o simplemente indiferentes. Ahora entiendo que tan preocupado en ver crecer a mis hijos olvidé que mis padres envejecen. Mi madre enfermó y desperté…
 
Y ahora entiendo el valor de una palabra, una simple palabra; Madre, ahora entiendo el valor que para mi supuso tener esa madre, mi madre…
 
A ti, madre.
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