Una caída, un bebé inconsciente y un final feliz

Una caída, un bebé inconsciente y un final feliz. 

De esos avisos que no quieres tener, de esos que a veces te alegran la guardia y te dejan una historia bonita que contar…

 Eran las ocho de la tarde y mi guardia terminaba en una hora, todo tranquilo, todo ordenado, revisado, limpio…

 ¡Corre, es un bebé de 14 meses inconsciente!, comenta el médico. Ese aviso que nunca quieres tener… 

Y al llegar al centro de salud dos equipos y familiares rodean al niño.

Un bebé precioso, rubio de pelo y carita morena, que su padre ha entregado inconsciente y cianótico al celador de la puerta.

Admite guedel, pálido, sudoroso, eupneico, afebril, pupilas mióticas reactivas isocóricas, presenta edema por traumatismo creneoencefálico frontal izquierdo.

“No es posible canalizar vía” comenta un compañero…tenemos suerte y consigo un 24 en antebrazo derecho.

Tensión de 96/54, satura al 100% con O2 y frecuencia cardíaca de 115. No presenta foco infeccioso y no ha convulsionado…

“Es su primer día en España, y esta mañana se ha caído de cara al suelo cuando corría” 

“Ha estado adormilado y apenas se ha movido”, comenta su padre con esa cara que sólo el miedo a perder un hijo puede dibujar en una cara.

“Ha comido bien, pero ha vomitando y al llorar ha quedado inconsciente, como muerto”

 

¿Qué ha comido pregunta el médico?…”Pasas y cacahuetes, lo que come siempre…”

No reacciona a ningún estímulo y surgen las dudas… ¿Qué ha podido ser, el TCE, atragantamiento, espasmo del llanto…?

Auscultación limpia en ambos campos pulmonares sin signos de atragantamiento ni anafilaxia.

Al moverlo parece que va recuperando consciencia, hace muecas, se mueve…

Retiramos guedel y en segundos inicia llanto fuerte, va recuperando color y tono, la exploración de pares craneales, motora y sensitiva es normal a los pocos minutos.

A medida que el llanto crece, la cara de los padres cambia a sonrisa y lágrima, de esa lágrima que deja el miedo pasado.

Estable, pasamos a camilla y con retención infantil trasladamos al hospital de referencia.

El padre que agarra esa mano no consigue frenar el llanto del niño. Aun sabiendo que no me entiende y soy un desconocido vestido de amarillo Simpson, susurro aquella canción de Marco a su oído…continúa su lloro.

Es el movimiento, ese traqueteo que mece  la camilla, el que le lleva al sueño…

Os miento si os digo que en ese niño no veía a mi propio hijo, en ese padre a mí mismo y en su ansiedad mi propia angustia.

Un traslado tranquilo de media hora en la que me habla de su pueblo allá en otro país, me cuenta su pelea para reunir la familia y justo cuando lo ha conseguido…ese miedo a perder, a perder…su mano agarra la del niño y la mía acaricia ese pelo rubio…

Tras 24 horas en observación y tras comprobar que no había daño cerebral fue dado de alta con advertencia de vigilancia en domicilio de 48 horas.

 

Tras un golpe en la cabeza siempre deberemos estar vigilantes, alerta a somnolencia, vómitos, alteración en la marcha, alteraciones en el habla o cualquier síntoma que nos alerte de que algo no va bien. Puede no ser nada, puede ser mucho.

Y así otra batalla y así una profesión.

PD: foto y relato con permiso del padre.

Plural: 4 Comentarios Añadir valoración

  1. Manuel dice:

    Insisto ¡¡, eres el mejor ¡¡¡

    1. AlbertoLS dice:

      Gracias a ti Manuel!!!

  2. Loli dice:

    Alberto no me extraña que los sintieras como tuyo. Y de la manera tan especial como escribes también lo siento cómo mío, acariciando su pelito. Gracias!

    1. AlbertoLS dice:

      Gracias Loli, cualquier padre o madre lo sentiría así…👍

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