“Así es el mundo Facundo”.

Guardia recién comenzada, un día cualquiera de otoño en una ambulancia cualquiera.

En el relevo nos cuentan un aviso “raro”, de esos avisos raros que tanta afición me tienen por aquello de ser apodado “nube negra”, cómo si la nube fuese yo y la negrura sólo existiese en mis turnos. Todo tiene su ventaja, en mi turno el reciclaje está asegurado.
Fué un accidente en un Instituto de Secundaria. Unas prácticas de tiro con arco y una flecha que fué a clavarse entre las escápulas de un chico. No aparentaba gravedad y corría, el chico corría chillando y chillando, lo más normal del mundo vaya. Al final se deja explorar y tras comprobar que efectivamente no ha afectado a nada más que piel y tejido subcutáneo el equipo se dispone a inmovilizar el proyectil y traslado para valoración a Hospital… “Dejadme a mi por favor”, es el padre y es cirujano. Un tirón, cura local y a clase. Ahí acabó la anécdota, asi acabó aquel aviso raro, aquel mal trago de chico y profesor.

Café negro, sin azúcar y agua fría, escaso desayuno, pero de mañana temprano poco más acepta mi cuerpo.

Revisión y revisión, todo en su sitio, todo funciona y toca esperar.
Corta espera, “¡Aviso chicos, señora en hipoglucemia que no reacciona!”.

Guantes, chaleco y ese click al cerrar la pernera me hace entrar en visión-pensamiento túnel. Cada componente del equipo repite un gesto, una pequeña “manía”, un ritual que le ancla a su propia concentración, su propia visión túnel antes de una asistencia.

Piso tercero B, piso sin ascensor, piso de los de antes, escalones estrechos y barandilla azul clara que echa en falta la pintura, esa pintura que hace años no visita paredes, no visita techos, no visita esa barandilla…

Piso de pasillo estrecho con taquillón a la entrada, florero con forma de caballo de cuyo lomo sobresalen un manojo de flores, flores de plástico azul chillón.

“¡Aquí, es aquí!”, al final del pasillo una señora nos indica la última habitación a la derecha, el salón.

Cuadros que van del blanco y negro, pasando por el sepia años 70 a las últimas bodas a todo color. Un despliegue de abuelos, padres, hermanos, hijas, nietos…Un despliegue de fotos de mili y fotos de bautizos…Un verdadero espectáculo de vida pasada.

Señora de 89 años consciente, desorientada, pálida, y sudorosa. La ha encontrado su hija hace un momento al “ir a darle una vuelta”. Vive sola y todas las mañanas recibe las visitas pertinentes.

Glucemia de 20 mgr/dl. “Le han cambiado de insulina y desde hace una semana, cada mañana el mismo espectáculo. Se queda seca de azúcar en la sangre”…la hija nos cuenta el estado de las cosas.

Glucagon subcutáneo. La vía se hace difícil por aquella obesidad que lleva años minando su salud. Glucosa intravenosa y a los minutos es como aquella flor mustia que al fin bebe.

Va recuperando orientación y sus primeras preguntas…”¿Qué hacen cuatro hombres vestidos de amarillo en mi dormitorio?”, ¿Quién os ha llamado?, ¡yo no he sido ehhh!”

“Estás en el salón mamá, te has caído al suelo por una bajada de azúcar”.

“¡Vaya puñetas, se me tiene que bajar el azúcar para que vengan cuatro hombres a verme!”…risas del equipo y familia.

“Está siempre de bromas, no le hagan mucho caso”.

“¿Que no me hagan caso?…si yo puedo ser la abuela de los cuatro, ¿¡Cómo no me van a hacer caso!?…”Siéntate aquí hermoso siéntate que te voy a contar una cosa”.

“Mira hijo, yo soy una vieja pelleja y me quiero morir ya, que estoy muy harta de penar. Tuve tres hijas y un problema, las amamanté hasta los 7 años, así que como solo tenía dos pechos, una en cada uno y la que se quedaba sin mamar era el problema”, más risas y es su hija la que desde la puerta de la habitación le responde…”Mamá, llevas 20 años diciendo que te quieres morir, pero llega la hora de comer y no tienes fin”.
“Hija, que sea una vieja pelleja no quiere decir que no tenga hambre, bastante pasé entonces”.

“No Petra, usted no es vieja, vieja es la ropa, usted es mayor “, le comento mientras relleno la historia clínica.

“Soy vieja y punto pelota hermoso, y sabes porque soy vieja?….¡Porque pasan los años y así es el mundo Facundo!”…No le des más vueltas, llega el fin y chin pum, ¿y sabes por qué llega el fin?…¡Porque así es el mundo Facundo!”.

Mujer risueña, chistosa, con ganas de vivir a pesar de dichos, a pesar de glucemias y dolores, uns mujer alegre que nos dió otra lección de vida…¿Y sabes qué lección?…No le des más vueltas, a veces no vale darle vueltas, a veces simplemente “Así es el mundo Facundo”.