Soledad en tiempos de coronavirus

Soledad en tiempos de coronavirus, la soledad más solitaria es aquella que se vive cuando la sociedad nos da la espalda.

Son tiempos de histeria colectiva y tan perdidos en ella andamos que se nos olvida mirar a la parte más débil de la cadena, nuestros mayores. Aquellos y aquellas que un día nos dieron la vida y necesitan de nuestra atención, de nuestros cuidados, de nuestra comprensión y cariño más que nunca.

Una historia real

Una historia real… Un perro abandonado, un atropello, una salida de vía, un vuelco, un favor y volver a nacer.
Si no la vas a cuidar no te compres una mascota, mejor compra una bicicleta.

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Una madre.
 
Venimos a este mundo entre líquido amniótico derramado por nuestra madre y con suerte lo abandonamos entre lágrimas derramadas por nuestros hijos.
 
De inicio a fin nos une un cordón umbilical a aquella madre, primero real, físico, que pasa a invisible y kilométrico. Allí donde vamos, allí estará. Aunque tú la olvides, ella no, aunque no la llames, allí estará cuando lo hagas. Ese amor no tiene límites, no entiende de peleas, es ese amor que entiende y perdona todo. Ese amor supranatura, se llama madre.
 
Recuerdo olor a sábana limpia que había lavado mi madre, olor a leche hervida que ya había ido a comprar mi madre, tostadas que ya había hecho mi madre, ropa que ya había planchado mi madre, recuerdo agua en mi cabeza y raya al lado hecha con tiralíneas por la mano de mi madre, libros que no olvidaba porque ya me los había puesto delante mi madre…y todo antes de ir a trabajar.
 
Recuerdo besos de chupar carrillo y sonido fino en mi mejilla, la madre de mi padre, la madre de mi madre.
 
Recuerdo que vino mi hermana y mi madre se olvidó de mí, tristeza de rey destronado, pero un buen día caí de aquella bicicleta, ¿Quién sopló aquella herida para que doliese menos?…mi madre, (lo del alcohol en la herida se lo perdono, no había otra cosa). Ya no era rey, ¡seguiría siendo el Príncipe de los buenos tiempos!, tampoco estaba tan mal.
 
Crecí, fui a la Universidad. Una llamada los domingos cuando con 18 años volé del nido, al otro lado del teléfono, al otro lado del charco, otra vez mi madre.
 
Crecí, busqué la vida allí donde la vida me dio una oportunidad, a cinco centenares de kilómetros me vine ganando  20.000 duros al mes, ¿quién me llamaba preguntando si me hacía falta más, ese más que ellos no tenían?…
 
Y tuve hijos, y ¿quién me enseñó a cuidar en lo básico?…
 
Y otras mil preguntas me llevan a la misma respuesta…
 
Y ahora mi madre envejece, y ahora siento esa necesidad que una compañera me comentaba, “se hacen mayores y quiero estar a su lado”.
 
Y ahora entiendo tantas cosas que antes me eran desconocidas o simplemente indiferentes. Ahora entiendo que tan preocupado en ver crecer a mis hijos olvidé que mis padres envejecen. Mi madre enfermó y desperté…
 
Y ahora entiendo el valor de una palabra, una simple palabra; Madre, ahora entiendo el valor que para mi supuso tener esa madre, mi madre…
 
A ti, madre.

Jimena hija, deja que te cuente, deja que te baile…

Empiezas a ver el mundo, con ojos de niña adolescente, se te muestra un mundo nuevo y vienen preguntas nuevas.

Eres mujer libre de pelo negro y ojos de gata noble, eres tímida de enamorar y alegre de querer.

Eres mujer y libre y eso no es ser diferente, no es ser más ni menos, sólo es ser mujer.

Eres mujer y libre, no dejes que te digan con los zapatos que has de bailar, como dice la canción que sean de los que no aprietan o descalza con falda de vuelo dibujando ese mundo nuevo…

Eres mujer y libre y no cosa, huye de quien te trate cual florero o te diga que eres suya, eres tuya y sólo tuya.

Eres mujer y libre, pinta tus labios o no, pinta tu pelo o deja canas cuando la vida te las traiga, pero sobre todo que el color que elijas sea el color de tu felicidad, la tuya, no la ajena.

Eres mujer y libre para decidir el tamaño de tu falda, que frente muy alta y falda muy corta nunca estuvieron reñidas con sesera amueblada, a pesar de lo que diga el tal Sabina, ese que canta.

Eres mujer y libre para llegar a ser lo que quieras ser, yo estaré, tu madre estará, para darte opinión, pero serás tú la que decidas dónde y porqué quieres llegar, sólo así será el futuro y profesión que amarás, la que nunca te hará infeliz.

Eres mujer y libre, las princesas quedaron en el cajón de los juguetes rotos allá en el pasado. No has de ser alta, delgada y de gran belleza para ser feliz. Si no le gusta como eres que siga la flecha y amores sanos no te faltarán.

Eres mujer y libre para quedar, llamar o escribir a quién te plazca, si te dice que no lo hagas apártalo de ti, huye de quien te trate de controlar. No es cierto que lo haga por amor, lo único cierto es que es inseguro y posesivo, nada bueno te traerá.

Eres mujer y libre, enamórate de quién creas que lo merece, pero recuerda recordar que eres Jimena Luque y a esa mujer libre no la merece cualquiera.

PD: Mi hija se llama Jimena, va dedicado a ella y a cualquier hija que comience a bailar un mundo nuevo.

Monaguillo antes que fraile.

¿Hsce falta conocer el mecanismo antes de subirse en el patinete?

Hace unos días hablando con un compañero me comentaba que su jefe nunca pisó una consulta, apenas las prácticas de fin de carrera y las obligatorias del Master, sin embargo era un buen jefe, un buen gestor.

Y me surge la pregunta ¿Siempre se ha de pasar por monaguillo para ser buen fraile?

No es el único caso que conozco de buena gestión gestada a golpe de estudio, a golpe de crecer haciendo valer conocimientos teóricos.

Quizá sea cierto, no lo pongo en duda, que para depende qué puestos pueda ser útil más conocimiento de cómo funciona el sistema que conocer el propio sistema desde dentro, pero me vuelve a asaltar la duda…¿También en salud?

¿No haber visto un paciente más que de pasada por el pasillo del hospital me capacita para gestionar un hospital?

Y me vuelve a sugir la duda, esta vez referente a algo que me preocupa y ocupa ¿Es posible hablar de humanizar nuestra labor asistencial como sanitarios desde los despachos?

Es cierto que todo es cuestión de dinero, o casi todo, mejor dicho.

Sin una visión global del sistema difícilmente se puede abordar el problema de la deshumanización sanitaria, totalmente de acuerdo.

Sin una dotación económica difícilmente se pueden poner en marcha proyectos que signifiquen dignificación de la salud, estoy de acuerdo.

Pero voy un paso más acá, ¿se puede crear sensibilidad en el profesional si nunca se ejerció como tal, si nunca viví la bata y la cola de pacientes esperando en la entrada de la consulta?

Quizá queramos volar olvidando cómo es andar. El factor humano es primordial si queremos dar un paso más en la excelencia en el trato a nuestros pacientes.

Quizá, y es sólo mi opinión, se nos olvidó que la humanización comienza por el profesional, por saber cómo piensa, como trabaja, cómo sufre y cómo vive su día a día…y para eso, señores hay que ponerse la bata.

Bajar a la arena de la masificación y los 5 minutos por consulta, a la impaciencia del paciente, al estrés del no llegar por falta de personal.

Quizá yo, un simple enfermero, no sea quién para inventar la pólvora, no lo pretendo, creo que se inventó hace algún siglo, pero si para hacerme la reflexión de si no será mucho humo y pocas nueces tanto humanizar de boquilla.

En mi humilde opinión habría que poner el foco en conocer mejor a nuestros profesionales y sus necesidades, atenderlas y a continuación crear sensibilidad, esa que siempre debió estar presente y muchas veces quedó muerta fruto del desencanto.

Y si el profesional no atiende a los pacientes con un mínimo de sensibilidad, señores a lo mejor es que ese compañero o compañera no debiera atender pacientes, a lo mejor hay un puesto más adecuado a sus capacidades.

Nos rasgamos las vestiduras ante ese compañero que da un diagnóstico de muerte en un pasillo a una madre y no vemos que se eliminó el despacho de atención a las familias.

Da para mucho, largo y tendido y quizá, repito, no sea yo quién para dar lecciones de nada, por eso este post no pretende ser más que una reflexión en voz alta y pública…

PD: Yo prefiero al monaguillo que lleguó a fraile, pero es sólo cuestión de gustos.

Un pie destrozado, la mano agrietada de un padre y la fortuna tuvo trabajo.

Aquella mañana de septiembre, un viernes de finales de septiembre, prometía día soleado.

Al entrar de guardia el equipo saliente no está en la base, “les acaban de dar un tráfico” comenta Oscar, uno de los TES entrantes.

Salida de vía sin consecuencias, una madre y una niña perfectamente sujeta a una buena silla. Esa que había mitigado el impacto, y lo que podría haber sido una desgracia hizo quedar en chapa, pintura y un traslado para valoración a pediatría.

Todo revisado, el interés de la compañera en prácticas nos había llevado a exponer todo el material de trauma y repasar aquel Código correspondiente. Nada ocurre porque si, todo tiene un por qué.

Tomando el segundo café de aquella mañana vuelve a sonar el teléfono y en minutos la ambulancia recorre los escasos 5 minutos hasta aquella bodega en las afueras donde un varón ha sufrido un accidente laboral “Pie atrapado en un sin fin”.

Mi pregunta fue contestada desde la parte de atrás por un compañero que entiende del tema…

“¿Qué es eso de un sin fin?”

[Una máquina para triturar la uva, como un gran molino metálico. ¡Una putada!].

“¡Purga suero Manu!”

Al llegar, un portón verde gigante y una cola de tractores seguidos de remolques y más remolques cargados de uva.

Un gran patio olor a mosto, moscas miles…y al fondo un Policía Local nos llama brazos en alto, carreras…

Un chico joven con pie derecho atrapado entre unos afilados discos de acero al fondo de una tolva.

Cara de dolor intenso entre gritos y lágrimas de angustia, “¡Me muero, si me traga me tritura!”

No imagino angustia peor que la que genera pensar que vas a morir de esa forma.

“¡No quiero morir por favor, no quiero morir, soy muy joven!”

Ha caído del remolque al depósito donde cae la uva justo antes de ser triturada. Ha tenido la suerte de que el padre estaba justo al lado del botón que para el molino. Aquel botón rojo había sido salvación venida de la mano agrietada de su padre.

El pie no es visible, hasta el tercio inferior de la tibia ha desaparecido dentro de la trituradora.

Hay que mitigar dolor a la espera de que los bomberos consigan invertir el sentido de giro del sin fin y así poder sacar aquel pie catastrófico.

Sólo él está dentro de aquel depósito en forma de pirámide invertida llamado tolva.

Su padre y otro hombre le sostienen de las axilas.

Tiene buenas venas y ya he cargado Fentanilo.

Por un momento consigo que controle respiración, me mire a los ojos y me hable de su vida, se relaja mínimamente y alarga una mano hacia arriba, suficiente, para estando yo tumbado en el suelo, se la sujete y entre vía a la primera.

“¡La tengo Jesús!”

Fentanilo primera dosis que mitiga parte del dolor, requiere una segunda y una tercera.

Por fin un bombero consigue desbloquear la máquina y hacer girar aquellos discos que van sacando un pie destrozado.

Con un arnés sujeto por axilas y cintura conseguimos elevarlo. Con él en el aire sujetamos pie y colocamos férula que estabiliza aquella fractura abierta que apenas sangraba.

Al colchón de vacío y revisamos heridas.

Cura local, fractura alineada y vuelta a la férula.

Ha tenido una suerte inmensa, el pie no ha sido totalmente cortado, fractura y luxación con pulso pedio conservado.

El padre ha dejado de temblar, “la herida es lo de menos”, “¡hijo te quiero, deja de pensar en la dichosa uva, que le den por saco!”. Y un abrazo sobre la camilla justo antes de entrar en la ambulancia.

Durante el breve trayecto su cara es otra cosa y ya bromea, “A punto de ser salchichón”…

Traslado sin dolor y directo a quirófano tras un breve paso por Box vital.

Salió bien, podría haber sido otra desgracia, aquel día la diosa fortuna estaba de nuestro lado, del lado de aquella niña, del aquel chico joven que se veía convertido en salchichón.

Una silla y un botón sirvieron para hoy narrar anécdotas en lugar de dolor.

Y así otra batalla y así una profesión.

Era domingo.

Era madrugada temprano y fue un accidente de tráfico, choque frontal fue el aviso.

Fiestas en varios pueblos cercanos y trasiego nocturno de jóvenes y no tan jóvenes.

Al salir de la base atravesamos la zona de botellón que por aquel entonces se hacía en una explanada del centro de salud…no digo nada…

Menos de 10 minutos y a lo lejos, en una recta larga se ven las luces de Intermitentes, varios coches parados.

Como de costumbre, brazos en alto nos indican que es allí. No hay presencia de Guardia Civil ni Policía.

Señalizamos, aseguramos la zona. Sacamos mochilas…

Son 6 chicos y chicas dando vueltas, saltando, bailando entorno a otro tumbado en decúbito lateral sobre el asfalto.

Al bajar de la ambulancia oímos música, uno de los coches implicados en el choque tenía maletero abierto y un equipo de altavoces de discoteca a todo lo que daba. Luces azules y rojas iluminan el interior; se apagan y encienden al ritmo machacón de música bakalaera.

Fue el médico el que, al acercarnos al chico, pidió a los amigos apagar aquel ruido ensordecedor, un “tú a lo tuyo” y media vuelta al botellón que habían montado en la cuneta.

Ha sido un choque lateral sin vuelco entre dos coches que iban en paralelo y a escasa velocidad, los chicos relatan su proeza..”Nos hemos conseguido pasar un cubata a través de la ventanilla con los dos coches en marcha”… La causa del accidente parecía clara.

Los 6 que bailaban negaban sufrir lesión alguna y renuncian a recibir asistencia alguna. “Os podéis ir por donde habéis venido”.

El chico de 20 años que al llegar estaba tumbado se ha levantado al vernos llegar para decirnos que no le pasa nada, que sólo le duele la rodilla y ha sido un matrimonio que ha parado los que han llamado, él no quiere que le atendamos y sólo necesita unas “caladas de un petardo, que es la mejor medicina”…

Todos presentan signos evidentes de consumo alcohólico y hacen ostentación de los porros de “marihuana de la buena”, ” esto es sano, lo dicen muchos médicos “…

Al final las dos chicas acceden a que le realicemos curas locales de pequeños cortes en manos y cara.

Llega Guardia Civil que se hace cargo.

Nos íbamos cuando vemos desplomarse a un chico.

Síncope y ahora las caras del resto dejan de ser de cachondeo, la valentía y la chulería dan paso a la preocupación y alguna lágrima.

Revisión rápida de trauma no muestra hallazgos significativos en el chaval.

Taquicardia, pupilas midríaticas, hipoglucemia, hipertenso…niegan consumo de cocaína, sólo los porros y algo de alcohol, “Bueno, él algo más, pero no ha bebido más de un litro de ron “, es una chica la que nos informa, la única algo más serena que relata una noche de excesos, competiciones de ver quien bebe más y más rápido sin vomitar. Cubatas de un trago, uno tras otro…

Saturación de oxígeno dentro de lo normal, pero el ECG muestra una alteración del ritmo cardíaco que hay que estudiar, esas extrasístoles no son normales ni buena señal en una persona tan joven.

Recupera consciencia, vomita y vomita sin parar…lágrimas provocadas por los vómitos y un “Por favor avisad a mi madre, me encuentro muy mal “…

Al final cuando ve las orejas al lobo, es a su madre, a quien con cara de angustia nos pide llamar, ya no son sus amigos en quien confía, en quien busca el apoyo.

La situación ha cambiado, ya todo son caras de preocupación y con mucha amabilidad se acercan a preguntar si se pondrá bien su amigo “¿No va a morir verdad?”…

Tratamiento de la intoxicación etílica y traslado al hospital para analítica y estudio de aquella arritmia.

Al salir el grupo, ya amaneciendo, permanece sentado en unos escalones, ya no hay música, ya no hay alcohol, ya no hay porros…ahora hay llanto en manada.

Una historia personal y el pánico llegó a mi vida.

Una historia íntima, una historia de hace cuatro años.

Un regalo invisible…

En eso consiste este regalazo que nos hicieron nuestra madre y nuestro padre.

Este regalo invisible llamado vida; cada segundo es un regalo y nos resistimos a verlo, no queremos darnos cuenta…

A veces pienso que estoy tan preocupado en criar a mis hijos que olvido que mi padres envejecen, y es ahí, justo ahí cuando echo vista atrás y pienso en ellos cuando yo era niño.

Pelearon lo indecible, lucharon y entonces no lo veía, ahora no necesito de esfuerzo para poner en valor aquellos sacrificios, aquellos sudores de jornales de 12 horas recogiendo aceitunas a destajo…y yo era feliz.

Recuerdo recordar en aquella época el miedo a perder a uno de ellos, era pánico y ese pánico sigue siendo porque tengo la suerte de tenerlos aquí, aquí a mi lado, no físico, si emocional.

Y hace cuatro años el pánico llegó a mi vida.

Yo tenía dos empresas montadas en plena crisis, una de tecnología y otra de asistencia sanitaria. Era coordinador de la Enfermería del Área y llevaba un equipo de comerciales de otra empresa…mi vida no daba de si…aquellos sudores de mis padres eran presente en mi vida.

Los había visto trabajar tanto que no hacerlo yo me parecía indecente.

Trabajo y más trabajo ocupaban mis días y parte de mis noches…solo escribir me consolaba.

Y llegó mi Ángel, llegó aquella niña que una noche de verano se nos fue de nuestras manos directa al cielo…y mi vida dio un giro.

Y en ese momento de giro mi vida me dio otro zarandeo de los que te ponen los puntos sobre las ies.

Fue aquel verano tras la pérdida de Blanca, cuando una mañana tras la ducha me descubrí un “pequeño bulto”…

Y el suelo tembló bajo mis pies, y las cosas tornaron a negro.

No consultes enciclopedias Online me decía, sabía dónde buscar, sabía las probabilidades reales de que aquello fuese lo que no quería admitir, un 50 {dd1faaa974e128bd5987fd795b61a773592e8c72189d8063a58278bb9a158e92} justo.

No era mi especialidad y tenía que consultar a un especialista, pero era verano y estaba en Málaga.

Era verano y no había especialista al que consultar, llamé a escondidas y llamé y llamé y nada.

Era verano y eran vacaciones. Era verano y no quería asustar a mi familia.

Era verano y me tragué el pánico en silencio.

Era verano y pensé en el pánico que mis propios hijos sentirán al perder a su padre.

Era verano, aquel maldito verano…

Cada día tocaba la tumoración, y créeme, cada día la notaba crecer…sin duda la obsesión se apoderó de mi ya baja moral…estaba pasando los meses más amargos de mi vida y era el colofón de mi desdicha.

Recuerdo mirar a mis hijos bañándose en la piscina y pensar que quizá no habría otro verano, ni otra piscina, ni otras risas, ni otros paseos…

La cabeza es muy traicionera y la mía hizo que la tierra se abriese bajo mis pies, de repente todo dejo de tener el valor que hasta entonces había tenido; y me sobraba trabajo y me faltaba tiempo para ver crecer a mis hijos, me perdería sus adolescencias, sus amores, sus desamores, sus hijos, mis nietos…y volví a llorar, en silencio volví a llorar.

Así estuve 17 días hasta conseguir un especialista ya de vuelta a casa.

Aquella mañana al ir a aquella consulta noté que mi vida era moneda al aire dando vueltas y que sería cara o sería cruz…

Fue cara y a la mía volvió el color de ganas de vivir.

Lo conté a mi mujer, a mis padres, compartí el miedo pasado y tomé decisiones.

Vendí las empresas y mi vida volvió a girar, esta vez para dar más valor a lo que si merece la pena ser vivido.

Mis padres no pudieron elegir, yo si y tomé la decisión de ser menos rico y más feliz.

Tomé la decisión de vivir cada segundo como si fuesen dos.

Tomé la decisión de recoger el aprendizaje que esos 17 días y aquel Ángel me dejaron aquel verano para entender mejor que vivir es aquí, es ahora y es URGENTE.

Historia de un TES.

No es camillero, ni es ambulanciero…es Técnico en Emergencias Sanitarias.

Habéis sido muchos los compañeros Técnicos que en los últimos meses os habéis puesto en contacto conmigo. Agradecimientos y enhorabuenas he recibido por vuestra parte a raíz del libro y algún artículo que hace un tiempo escribí en el blog albertols.com dedicado a vosotr@s.
Hace 5 días un compañero TES me contactó por Messenger para relatarme su situación.

Le di mi teléfono y hablamos. Tras una hora de charla distendida no pude evitar empatizar más si cabe son su vida, con su historia.

No es el único que se encuentra así, por desgracia es una constante que se repite con demasiada frecuencia en este sector.
Tras años de formación, mucho esfuerzo y no pocos gastos se sacó el título conforme al RD 1397/2007. Le habían dicho que la administración haría bueno aquel otro RD 836/2012 y los trabajadores de emergencias dejarían de ser contratados como “camilleros”, “conductores” o simples “transportistas”…El reconocimiento en el ámbito laboral con su correspondiente categoría profesional estaba a la vuelta de la esquina.

Y se casó, y tuvo una hija y tuvo su primer contrato en prácticas…Lo veía normal, tenía que adquirir experiencia y le pareció oportuno. Después vendría el prometido contrato indefinido y el sueldo digno….
Y llegó la realidad, aquellos 600 €, poniendo él los gastos de desplazamiento, dieron paso al despido y en su lugar contrataron a otro compañero recién terminado por los mismos 600 €. Otro contrato en prácticas ocupando aquel puesto, eterno puesto en prácticas de eternas promesas incumplidas.
Y así se sucedieron contratos aquí y allí. Un peregrinar de empresa en empresa.

La administración subcontrata los servicios de vehículos y personal técnico. Aún teniendo un marco de legislación oportuno se niega a internalizar al técnico como otra categoría profesional más del sistema sanitario.
¿Alguien se imagina otras categorías sanitarias extarnalizadas?
¿Alguien se imagina otros técnicos sanitarios trabajando para la administración por 600 € y en prácticas eternamente?

Este chico trabaja actualmente para una empresa por 25 €/ 24 horas haciendo guardias localizado. Cuando las emergencias de su comunidad no dan se si, tiran de empresas privadas y ahí entra en juego él.
Admite que es un sueldo basura, que ganaría más pidiendo en la calle y que si ninguno lo aceptase quizá las empresas y la propia administración abriesen los ojos…pero tiene que dar de comer a su pequeña y no le queda otra. No seré yo quien se lo recrimine.

Lloró, al otro lado del teléfono lloró y me hizo encoger el alma…<<con 25/€ cada tres días no me da para sacar adelante a mi familia, a ninguna familia…>>

Hablamos de aquellos sueños cuando estudiaba para ser un buen profesional. De aquellos que a pesar de los pesares conserva, se sigue formando, sigue aprendiendo porque fue y es vocación lo que le mueve.

Hablamos del miedo que los Técnicos en Emergencias generan en parte de la comunidad enfermera que piensa que han llegado para sacarnos de las ambulancias.

Hablamos del miedo que la enfermería de emergencias que ocupa puestos de Soporte Vital Avanzado Enfermería (SVAE) genera en el personal médico que piensa que esa enfermería viene a sacarlos a ellos de las ambulancias…
Le conté que en nuestra Comunidad va un Técnico en la ambulancia de Urgencias, dos en los SVB y otros dos en las UVIS MÓVILES. Que sin ser idílica, la situación era mejor que la que se vivía en su territorio y que avanzar en pedir lo que es de ley es justo y necesario.

Hablamos de la necesidad de unión en un colectivo excesivamente disgregado, segmentado y polarizado.

Hablamos de lo humano y lo divino y nos dimos las gracias mutuamente, un chico con ganas que me ha enseñado a valorar más si cabe la función de mis compañeros, la realidad que me rodea y lo grandes profesionales con los que tengo la suerte de trabajar.
Un saludo y adelante, la lucha será larga, pero dará sus frutos.

Por una sanidad digna que de un servicio humano al paciente y un trato digno a sus trabajadores.