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Llevar casco te puede salvar la vida

Alberto Luque Siles

Batallas de una ambulancia

Llevar casco te puede salvar la vida.

Y un día cualquiera llevar casco te puede salvar la vida, quizá uno como hoy, quizá hoy mismo le pueda suceder a cualquiera como tú, quizá como yo mismo cuando coja mi moto, mi bici, mi flamante patinete.

Entras de guardia en la ambulancia y sin apenas tiempo para revisar suena el teléfono de los avisos…

“Chicos, motorista, salida de vía”.

Cabeza y cuerpo se ponen en acción.

Te pones en lo peor, te concentras de camino, repasas mentalmente la teoría mil veces estudiada y no menos practicada; el Código Trauma, el PHTLS, el ITLS, las actualizaciones en hemorragias… Y pienso, para esto estudié, para esto sigo formándome y es hora de hacer bueno tanto esfuerzo continuo.

Localizas mentalmente cada elemento del material que puedes necesitar.

Corremos, corre la ambulancia sorteando coches mil en autovía plena de puente. Y siempre algún inconsciente se pega a nuestro culo en un intento por ganar algún puesto en aquella retención. De repente un frenazo seco nos obliga a detenernos, otro coche decide aprovechar el hueco que otros conductores, más cívicos que él mismo, abrieron al vernos llegar y se cuela justo delante nuestra.

La llegada.

A lo lejos brazos en alto nos indican que nos acercamos. Siento adrenalina resbalar por mi espalda, la incertidumbre del qué nos encontraremos martillea mis sienes y entro en esa visión túnel que focaliza mi atención en lo importante, lo único realmente importante en ese momento, tratar de salvar una vida, tratar de que las secuelas sean las mínimas.

La primera alegría al acercarnos, llevaba casco y no se lo han retirado, buena señal, aunque ha recibido un buen golpe y está agrietado en toda su extensión anteroposterior. Decúbito supino, consciente y orientado. No ha perdido consciencia en ningún momento y recuerda perfectamente lo que le ha sucedido.

Manos a la obra.

Revisión rápida de trauma, ese ABCDE ordenado y lógico que nos da una visión global de su estado. No deformidades extremidades, posible fractura múltiple parrilla costal izquierda, abdomen blando, no TCE, no hemorragias, erosiones, dolor y más dolor.

Normotenso, normoglucémico, y su nivel de oxígeno en sangre es aceptable.

Maniobra de retirada de casco con control cervical, collarín, tablero, colchón de vacío, vía del 18, extracción de sangre. Vuelta a valorar y analgesia.

Otra vía, paciente estable e iniciamos traslado a hospital de referencia donde será atendido por personal de Urgencias y traumas a la llegada.

Llevar casco te puede salvar la vida

llevar casco te puede salvar la vida

De camino nos comenta que no ha consumido alcohol ni droga alguna.

“Me he confiado, ha sido eso y la calzada húmeda por culpa de la maldita niebla que todo lo tapa”.

“He dado una vuelta a medio mundo en moto. Pertenezco a un club y hace tres años iniciamos nuestra vuelta al mundo solidaria. Mil países con carretas que son menos que caminos de cabras, desierto, ríos, sabana infinita…y vengo a caerme en la puerta de mi casa”. Nos comenta entre risa floja y dolor de costillas.

Nos pidió que llevásemos el casco con él y allí en una bolsa estaba a sus pies.

“¿Sabéis una cosa?, mi madre me acaba de regalar una segunda vida”, nos comenta mientras le echaba un vistazo y pasa el dedo por la grieta que el golpe había dejado en aquel casco. “Fue su regalo por mi 40 cumpleaños la semana pasada”.

Y inevitable nuestro pensamiento. Simplemente hay regalos que salvan vidas y de eso siempre supieron mucho las madres.

La despedida, esta vez tocó ganar, salió vida.

“Que se mejore y todo quede en chapa y pintura”.

“Muchas gracias por vuestra atención chicos, os debo una”.

Apretón de manos y vuelta a la base.

Llevaba casco, guantes, buena chaqueta, buen mono. La vida comienza a salvarse antes, justo en el momento en el que decides que invertir en material de calidad es invertir en lo único en lo que merece la pena invertir, tu vida y la de los tuyos.

Quizá suene a lo de siempre, pero llevar casco te puede salvar la vida, grábalo a fuego, interioriza y nunca dejes de hacerlo.

Fue esa previsión, esa prevención antes de montar, las que probablemente le salvaron la vida.

Finalmente toca reponer, toca limpieza, en este oficio nos manchamos con grasas, aceites, gasolina, barro y con esa sangre, esa que no es otra cosa más que la esencia íntima del ser humano. Y aun así habrá merecido la pena.

Y así otra batalla y así una profesión.

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