Sonreír por dentro - Alberto Luque
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Sonreír por dentro

Sonreír por dentro cuando vives algo así y lo recuerdas, es como sonreír a la muerte estando triste. Sigues triste por fuera, pero tú ya no eres lo mismo en el lado de la piel que realmente importa.

Cuando cuidas de estrellas a veces el cielo se cae a cachos, a veces la tierra abre grietas que tragan personas, a veces sólo tragan almas, a veces te dejan estar sin ya nunca más volver a estar.

Cuando la ambulancia vuela y los segundos se tornan en minutos para el que espera, cuando tras un vistazo lo ves negro y decides que hay que cambiar oscuridad por ilusión del “se puede, lo vamos a conseguir”, ciencia, fuerza, sudor que resbala a los pies de hierro retorcido y sale vivo que aquel amasijo.

Cuando el accidente ya pasó, la adrenalina se diluye en tu mar de hematíes, las vías, la medicación, el “corre que se nos va”…todo eso ya pasó…cuando agarrasteis a la estrella por los pelos y la trajisteis a este lado de la vida.

Cuando el traslado se hace silencio manchado de rojo y trocitos de cristal que adornan sábana blanca, justo ahí recuerdas aquel otro accidente que un día relaté aquí.

Cuando lo amargo es recordar que aquella noche hacía calor y por la ventanilla entreabierta se colaban luces de neón, bares y coches pasaban y hoy vuelven a tu retina paseantes de fiesta ignorantes de la vida que se debatía a este lado.

Cuando recuerdas sonido de respirador que mete aire en pecho roto, sonido de monitor a ritmo de corazón fatigado que quiere parar, llega el final de una vida. Millones de latidos y el último se acerca.

Cuando cierras ojos y el olor a sangre metal impregna memoria, sangre impregna guantes azules y torna en granate que cubre dedos, impregna memoria.

Cuando tus palabras en silencio las recuerdas como latigazos en piel fría, “¡aguanta tío!” “¡no te vayas coño, que ya llegamos!”, ¡sólo un poco más!

Cuando la camilla vuela por aquel pasillo y tus explicaciones a la compañera quedan atrás como hojas de otoño que van sembrando camino de quirófano…

Cuando salimos exhaustos y la mirada de una madre te pide no escuchar lo que ella ya sabe…

Cuando piensas ¡joder que no soy de piedra, que ni lo soy ni lo quiero ser!, ¡puta vida injusta!

Y cuando tras horas pasaron y la historia clínica llegó a su fin, cuando la vida dejó paso otra cosa indefinida, quizá no entendida por corazones que aún laten, entonces recuerdas aquella sonrisa…cuando la madre decidió que el fin no sería el fin de su hijo.

Y cuando hoy lo pienso, aquí a pie de boli y papel recuerdo su cara, sonrío; hoy él es muchas personas, muchas caras son él, su fin fue el comienzo de muchas esperanzas, su vida rota ayudó a remendar muchas vidas y hoy sonrío, por dentro hoy sonrío de alegría, sonrío y es sonrisa color esperanza, esperanza en el ser humano.

Y cuando hoy vuelvan las estrellas a la vida miraré al cielo, allí donde habita este chico, y daré por bueno este arañazo del alma, uno más y ya van mil. Arañazos que forjaron lo que hoy soy y por los que doy gracias a las estrellas que un día agarré por los pelos y hoy en mí habitan.

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