Mordiscos de la vida 

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Quizá y solo quizá algún día a ti pueda contarte lo mucho que aprendí aquella noche en que nos dejaste…Y quizá, sólo quizá, tú puedas contarme lo mucho que hayas aprendido allá en el cielo…
Hoy recuerdo a una persona, o quizá recuerdo a muchas. Tantas como vidas se nos fueron. Tantas como mordiscos de la vida guardo en el zaguán de la memoria.
Hoy recuerdo a Juan, Pedro, Dolores, Lola, Guille, Andrea, Ascensión, Carmen, Felipe, Carlos…

Hoy recuerdo a una persona que nos dijo que tenía miedo a morir entre desconocidos y murió…
Al despertar me vinieron a la mente un “colage de caras”, una mezcla de rostros y una persona.
Era domingo de madrugada y entrábamos en un domicilio cualquiera de ese pueblo cualquiera donde una persona especial se ahogaba.
Por el pasillo, olor a colonia de niño y calor que se agradecía aquella noche de niebla fría…
Disnea intensa, cianosis, sudor frío que recorría su frente y hacía charco en el hueco que hay entre garganta y pecho.
Afebril, glucemia dentro de valores normales y tensión arterial por los suelos…
Sus ojos abiertos y aquellas bocanadas con las que trataba de morder el aire que se negaba a entrar en su pecho. A ese pecho inundado de líquido y tumor. 
Le incorporamos, sentado con tres almohadas. Aerosol, Corticoides, Seguril, Morfina…
Y aquella persona mejoraba…su frecuencia respiratoria bajaba y el color azulado dejaba paso al rosa pálido.
Fue entonces cuando reparé en sus hijos al pie de aquella cama inmensa de madera nogal…duscutían…
Discutían sobre la conveniencia de llevarlo al hospital o dejarlo en casa. Hablaban con la médico sobre el proceso terminal en el que se encontraba su padre.
La voz volvió a sus labios y la mascarilla le estorbaba…<<Quítame esto por favor>>.
Las fotos de aquel cuarto decían que había jugado al fútbol como profesional. Di Stéfano y él, él y Gento y Puskás…El Real Madrid de los años 60/70 desperdigado en fotos por mesita y cómoda. No podía creer lo que veía y el técnico me señalaba y susurraba…había sido jugador del mejor Madrid.
Recuperó plena consciencia y se afanaba en hablar pese a nuestros intentos por invitarle a no realizar esfuerzo,se empeñaba en hablar, tenía que contar…
<<No quiero ir a ningún sitio. Ya me encuentro mejor y sé que me queda poco. ¡Dejadme morir en paz!. Mañana os volvéis a Madrid y yo, si sigo vivo, quiero seguir solo, como llevo los últimos 10 años>>
<<Tengo miedo, miedo a morir entre desconocidos. No es miedo a morir. Quiero morir, quiero ir al cielo para abrazar a mi mujer, a mis amigos. Quiero morir porque sé que al morir voy a ir al cielo y allí aprenderé todo lo que aquí dejo en el tintero de la ignorancia>>…
Un hijo partidario de hospital y una hija partidaria de dejarle en casa, abandonaron la habitación para tomar la decisión más conveniente.
Su corazón latía a ritmo rápido y aquellas extrasístoles indicaban que comenzaba a fallar.
Durante un rato contó parte de su vida, esa parte de la que hablaban las fotos. “Soy del Madrid y este del Barça” le dije…y su cara tornó, durante aquellos minutos, en felicidad de antes. Su memoria le situó a punto de salir al césped y sus palabras denotaban alegría y orgullo de lo vivido. Pases, goles y una defensa de hierro de la cual él formaba parte.
Estasiados y él era aquel de pantalón corto, aquel hombre moreno y alto de las fotos en blanco y negro. No duró mucho, pero sé que fueron minutos de entusiasmo y esa felicidad suave se veía reflejada en su rostro.
<<Sí, me muero, lo sé, pero quiero hacerlo en mi casa y mis hijos poco tienen que opinar. Los quiero y si me quieren debieran de respetar mi decisión>>…
La fatiga volvía a su cuerpo y su dificultad respiratoria se hizo más Intesa. Vuelta a la mascarilla y oxígeno a alto flujo…más Seguril, más mórfico…se iba…
Al hospital, fue la decisión de la familia, una vez la consciencia había abandono a aquel hombre que instantes antes jugaba en la defensa del mejor equipo del Mundo…
Aquella misma noche se fue.
Nos dejó y esta mañana me vino a la memoria.
Recuerdo mezclado con Carmen. Vidas plenas que tratan en sus últimos momentos de dejar legado de lo vivido y que mil veces somos nosotros, los sanitarios, los depositarios de dichas reflexiones de última hora. Yo las guardo, para mi es oro puro que me ayudan a gestionar una vida a medio camino. A medio camino, quizá de ese cielo y ese abrazo con ese “colage de personas” de las que tanto aprendí y a las que tanto tengo que agradecer.
Todo mi cariño a esas personas, a esas historias a esas reflexiones que lavo junto a este mar…
Y así otra batalla y así una profesión.

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