Sillas vacías. Huecos de dolor

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Silla vacía y hueco de dolor fue lo que encontré al abrir  la puerta aquella mañana.

Ver la silla vacía de ese ser querido fue la bofetada de realidad más cruda que había vivido. Tenía 17 años y no entendía como una persona tan vital había decidido abandonar esta vida de aquella manera…

Fue su decisión, me repetía una y mil veces en un intento de justificar lo  que de otra manera no había forma de entender.

Recuerdo aquella sensación de rabia y culpabilidad que lo invadió todo en la familia. Yo no alejaba de mi cabeza el reproche…”Y si hubiese llegado antes aún estaría vivo” , me repetía entre lágrimas y desesperación.

Pasados los años mi profesión me pone cara a cara con aquella vivencia, esta vez en personas desconocidas, pero las mismas preguntas, la misma pena , los mismos reproches en diferentes  familias que un día fue la mía.

Siempre pienso en aquella conversación que me hubiese gustado tener con él…sentados en aquellas viejas sillas de anea en su patio con olor a lirio y jazmín…Le hubiese dicho…

“No te voy a pedir que pienses en mí, en tu familia, porque sé que lo haces, sé que nos quieres sin medida, sé que incluso piensas que tomando esta decisión nos ayudas, que no hay muestra más grande de amor que renunciar a aquello que amas por miedo a dañarlo. 

No te voy a decir que te entiendo, porque no sé lo que por tu cabeza pasa.

No te voy a reprochar nada porque nada se le puede reprochar a quien decide no oír reproches.

No te voy a hacer chantajes con cariños de hijos y nietos.

Te voy a pedir que si quieres me cuentes, habla…te escucho…

Te voy a pedir que me ayudes a entenderte, que compartas tu tormenta conmigo. Siempre cuatro ojos vieron más que dos. 

Te voy a decir que a veces la vida se hace dura e insoportable. Que esa dureza te arrastra al vacío cuando nos encerramos en nuestro mundo y  en un intento de evitar dañar a quienes nos rodean les ocultamos nuestros pesares, nuestros miedos…ahí empezamos a perder la batalla y tú nunca fuiste de derrota fácil. Pelea con palabras que saquen de dentro lo que te oprime, lo que te hace pequeño y no te deja ver el camino. 

Te voy a decir que el foco que realmente importa es el que ponemos sobre las personas que nos rodean. Que eres una persona sabia y que muchos te necesitamos, te queda mucho por legar, te queda mucho que compartir y a nosotros mucho por aprender.

Te voy a decir que estamos a tiempo de luchar y ganar. Si necesitas ayuda yo conozco buenos profesionales y mejores personas que nos pueden ayudar. Coge mi mano, coge mis palabras y busquemos salidas juntos, aunque hoy no las veas, yo que te quiero y nunca te mentiría, te digo que las hay, salidas siempre las hay….

Te voy a decir que merece la pena, vivir hasta el último minuto merece la pena, porque nunca sabes si ese último minuto será el que de sentido a toda una vida. 

Te voy a pedir que mires y huelas tu patio, tus flores, tus pájaros…tu mundo, ese que te hace tan feliz. Ese mundo sigue ahí y seguirá mañana para seguir dándote tu dosis de felicidad.

Este post es el más personal de cuantos he escrito y no es más que una visión idealizada, un deseo irrealizable de lo que me hubiese gustado haber vivido junto a ese ser querido que un día sufrió y no vio camino.

(Fotografía  Chaise rouge, 2013 . Clark & Pougnaud)

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