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Hoy dando un paseo encontré una enciclopedia en un contenedor de basura…
Permíteme este relato que se me vino a la cabeza, quizá te suene…
Eran los años 70 cuando un trajeado vendedor tocó en la puerta de aquel precioso pisito de dos millones, las afueras de la ciudad se habían convertido en barrios vivos, matrimonios jóvenes venidos del pueblo con niños saltarines!

Tras una hora de búsquedas y exaltación de las virtudes que suponía tener en la mano “toda la información que el mundo había ido fabricando a lo largo de millones de años”…el vendedor vendió.
El padre decidió que en aquella preciosa enciclopedia se encontraba todo aquello que él no tuvo la suerte de aprender, apenas fue a la escuela rural. Su hijo tendría otra oportunidad, sería jefe de línea en la fábrica y sin duda aquella compra a plazos sería la clave.
Era tarde tras el café cuando la madre terminó de colocar el tomo número 12 en el estante central de su precioso mueble bar de su precioso piso de su nuevo barrio!
Piso, coche, mueble bar y enciclopedia fueron pagados en cómodos plazos…

Y la enciclopedia se decía a si misma que alguien, algún día, vendría a visitarla más en profundidad. Cada sábado de mañana le pasaban el plumero y cada día más y más fotos de bautizos, comuniones, bodas y nietos la acosaban, perdía espacio, perdía protagonismo. Ya no era el centro de las miradas, se estaba convirtiendo en un estorbo y ella lo sabía, el fin de acercaba!
Y vino un cacharro de luces parpadeantes al estante de al lado, todos le adoraban, a través de él se “conectaban al mundo” decían los hijos!
Y vino otro cacharro, uno diabólico que tenía a niños y mayores enganchados horas y horas matando marcianos…
Y los años pasaron y el brillo de su portada quedó atrás al tiempo que el amarillo aparecía en sus hojas vírgenes.
Y nadie vino a su visita…
Y el piso se fue vaciando y un nieto tuvo la idea! Al fin alguien la abría, un rotulador rosa y dos hojas garabateadas fue el fruto de aquella visita…triste bagaje se dijo.

Y murió el padre. Y un canario vino a ocupar el estante de al lado, hacía compañía a “La Wendy”, aquella simpática muñeca recuerdo de la mili del hijo mayor en Regulares de Ceuta…El torito y la flamenca hacía años que fueron desmembrados por nietos inapetentes y voraces destructores de la vieja decoración del viejo pisito de los abuelos.
Y las fotos cambiaron, el silencio se hacía más y más agudo…el polvo se acumulaba y el olor a tristeza se impuso en aquel pisito de dos millones!
Y murió ella…
Y al fin alguien venía a abrir de nuevo aquel tomo número 12, era el albañil que hacía la reforma…”Qué chulada” dijo tras un ojeo rápido y lanzarlo al contenedor del olvido…
Y fue ahí, justo ahí cuando hoy me contó su historia, tras abrir ese tomo número 12, me contó esto y mil cosas más que guardaré junto con él en otro mueble sin bar, este moderno y repleto de libros leídos casi todos. Hasta que otro albañil lo condene a otro contenedor o quizá a otro mueble con o sin bar de un precioso pisito de las afueras…

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