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Cuida tu corazón del odio, ese odio…

Ese odio que supone la desintegración de la empatía sin pararse a preguntar. Preferimos odiar sin ponernos en su piel, sin entrar realmente al detalle de los por qués…Nada me importa el odiado, sólo mi odio me llena.

Ese odio gratuito que consume tu tiempo sin aportar. Mientras odias pierdes tiempo de buscar soluciones, salidas, de avanzar pierdes tiempo.

Ese odio es odiar sin razonar, ser rico y echarse a mendigar. Teniendo la posibilidad del no aprecio, de ignorar la ofensa, ponerse a odiar, es tirar tu energía por el sumidero de la sinrazón

Ese odio te resta, te consume, te idiotiza, te hace menos, te acompleja, te aleja, te aísla, y al final dejarás de odiar por hartazgo, con una tremenda sensación de pérdida dejarás de odiar.

Ese odio vacío e insustancial, irracional y ancestral…¡Ese odio déjalo pasar!

Si has de odiar hazlo con motivo, con templanza y con mesura…¡Odia con cabeza! Medita, tómate tu tiempo y si no encuentras motivo que te haga renunciar, dedícate a odiar el tiempo justo y necesario, ni un minuto más merece la pena odiar.

Odiar no es más que perder el tiempo sin nada que merezca la pena odiar…

 

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