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Una historia de sueños hechos realidad…

Sueña lo que deseas. Sueña que no es un sueño.

Sueña que construyes tus sueños, pero sueña realidad o la realidad te dará una tremenda bofetada.

Soñar despierto no es más que  visualizar aquello que quieras conseguir. Andar el camino por anticipado descubriendo trampas y errores hará que tus posibilidades de éxito aumenten. Aunque te adelanto que lo que vivirás superará con creces a la ficción que es tu sueño.

Cuando era niño, mi padre me decía que de mayor sería militar o cura, uno de los dos caminos seguí. Aún recuerdo cuando imaginaba cómo serían ambas vidas, dónde me llevarían,  en qué guerras me hallaría, a qué personas consolaría, qué aventuras viviría…visualizaba claramente a mis 7 años cómo sería mi vida. Los derroteros del destino y mi propia vocación me llevaron a ser sanitario al tiempo que seguía uno de los caminos preconizados por mi padre.

Pasaron 20 años…Una mañana de enero y fría de cojones, aterricé en el aeropuerto de Mostar (Bosnia-Herzegobina), iba en  misión de paz. La guerra aún latente ponía ante mis ojos horrores inimaginables de los que es capaz el ser humano.  Aún conservo en la retina a unos niños jugando al fútbol con un cráneo humano, recuerdo a Bogdan, un chico al que habían arrancado sus incisivos con unos alicates y le daba vergüenza sonreír,  aún recuerdo al abuelo Goran relatando como habían degollado a sus dos hijos varones, habían quemado vivas a su mujer e hija dejándolo vivo a él para que sufriese el resto de su vida…Recuerdo recuerdos que después de 20 años aún me encogen el alma y me hacen evocar mis siete años, cuando soñaba despierto mundos de fantasía y mi mente era incapaz de soñar la realidad más dura que me tocaría vivir.

Como sanitario me tocó atender a personas que exhalaban dolor y hablaban pena.

Al principio me desvivía por encontrar una palabra de consuelo, al final me di cuenta que a veces  el consuelo no existe, a veces el consuelo es simple silencio que hace pasar el tiempo. Encontraban consuelo al contar, al compartir con un joven sanitario vestido de uniforme que simplemente les miraba  y ofrecía lo mejor de sí mismo desde su silencio, su atención y su cariño. De ellos aprendí y recibí más que enseñé y di. Es curioso como el que más ha perdido y poco le queda por perder, abre sus brazos al prójimo ofreciendo lo poco que tiene y ofreciendo su pena como único tesoro en un afán de compartir y mitigar.

Una tarde nos encontrábamos patrullando la Plaza de España de Mostar, plaza que dividía las dos zonas en que se había partido la ciudad. Croatas a un lado y Bosnio-musulmanes a otro. Frente a frente separados por un río, el Neretva, un río de odio enconado que hacía saltar a cada paso una débil tregua y teñía sus aguas de sangre casi a diario. Aquella tarde era tranquila, daban fútbol por televisión y eso traía paz momentánea a la ciudad. Apareció tras una esquina una joven madre de 20 años, cuyo nombre no recuerdo, y de la mano una niña de cuatro años llamada Olena. Buscaba comida para la niña y aprovechó la paz del momento.

Se acercó con miedo, mirando a todos sitios como si de cualquier rincón pudiese venir el odio en forma de disparo que le arrebatase lo único que le quedaba, su hija…Nos contó cómo había perdido marido, hermano y padre el mismo día de hacía unos meses. Nos contó sus penas sin derramar una lágrima. Nos contó su sueño, quería que Olena viajase y encontrase una nueva familia en España porque los españoles somos gente buena, gente de corazón (esas fueron sus palabras)… Estaba dispuesta a renunciar, a renunciar a vivir con su hija si eso suponía que Olena tendría una vida mejor. Nos pidió ayuda para encontrar el  camino de huida para su hija, hicimos lo que pudimos… A pesar de lo que llevábamos vivido las lágrimas acudieron una vez más.

A la semana nos enteramos que aquella mujer a través de una ONG había conseguido su sueño, el sueño de una vida mejor para su hija y sin su hija. Olena vino a España.

Hoy releyendo el diario de aquellos meses no puedo evitar la lágrima, lágrima de pena y alegría… Sonrisa porque quizá, Dios sabe, este post y esta foto puedan llegar a esa niña que vivió gracias al sueño despierto hecho realidad de una madre dispuesta a salvar lo único que le quedaba, la felicidad de su hija.

Si por casualidad lees estas letras y conoces a esta niña, por favor házmelo saber, ¡agradezco tu ayuda!

Donde quiera que esté esa madre todo mi respeto y admiración. A ti, Olena, enhorabuena. ¡Enhorabuena por tener la suerte que tu familia no tuvo y por tener la madre soñadora que todo hijo debiera tener!

A Bogdan, Goran, Olena… y tantas  historias de tristeza que oí , viví y siempre recordaré.

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