Era domingo.

Era madrugada temprano y fue un accidente de tráfico, choque frontal fue el aviso.

Fiestas en varios pueblos cercanos y trasiego nocturno de jóvenes y no tan jóvenes.

Al salir de la base atravesamos la zona de botellón que por aquel entonces se hacía en una explanada del centro de salud…no digo nada…

Menos de 10 minutos y a lo lejos, en una recta larga se ven las luces de Intermitentes, varios coches parados.

Como de costumbre, brazos en alto nos indican que es allí. No hay presencia de Guardia Civil ni Policía.

Señalizamos, aseguramos la zona. Sacamos mochilas…

Son 6 chicos y chicas dando vueltas, saltando, bailando entorno a otro tumbado en decúbito lateral sobre el asfalto.

Al bajar de la ambulancia oímos música, uno de los coches implicados en el choque tenía maletero abierto y un equipo de altavoces de discoteca a todo lo que daba. Luces azules y rojas iluminan el interior; se apagan y encienden al ritmo machacón de música bakalaera.

Fue el médico el que, al acercarnos al chico, pidió a los amigos apagar aquel ruido ensordecedor, un “tú a lo tuyo” y media vuelta al botellón que habían montado en la cuneta.

Ha sido un choque lateral sin vuelco entre dos coches que iban en paralelo y a escasa velocidad, los chicos relatan su proeza..”Nos hemos conseguido pasar un cubata a través de la ventanilla con los dos coches en marcha”… La causa del accidente parecía clara.

Los 6 que bailaban negaban sufrir lesión alguna y renuncian a recibir asistencia alguna. “Os podéis ir por donde habéis venido”.

El chico de 20 años que al llegar estaba tumbado se ha levantado al vernos llegar para decirnos que no le pasa nada, que sólo le duele la rodilla y ha sido un matrimonio que ha parado los que han llamado, él no quiere que le atendamos y sólo necesita unas “caladas de un petardo, que es la mejor medicina”…

Todos presentan signos evidentes de consumo alcohólico y hacen ostentación de los porros de “marihuana de la buena”, ” esto es sano, lo dicen muchos médicos “…

Al final las dos chicas acceden a que le realicemos curas locales de pequeños cortes en manos y cara.

Llega Guardia Civil que se hace cargo.

Nos íbamos cuando vemos desplomarse a un chico.

Síncope y ahora las caras del resto dejan de ser de cachondeo, la valentía y la chulería dan paso a la preocupación y alguna lágrima.

Revisión rápida de trauma no muestra hallazgos significativos en el chaval.

Taquicardia, pupilas midríaticas, hipoglucemia, hipertenso…niegan consumo de cocaína, sólo los porros y algo de alcohol, “Bueno, él algo más, pero no ha bebido más de un litro de ron “, es una chica la que nos informa, la única algo más serena que relata una noche de excesos, competiciones de ver quien bebe más y más rápido sin vomitar. Cubatas de un trago, uno tras otro…

Saturación de oxígeno dentro de lo normal, pero el ECG muestra una alteración del ritmo cardíaco que hay que estudiar, esas extrasístoles no son normales ni buena señal en una persona tan joven.

Recupera consciencia, vomita y vomita sin parar…lágrimas provocadas por los vómitos y un “Por favor avisad a mi madre, me encuentro muy mal “…

Al final cuando ve las orejas al lobo, es a su madre, a quien con cara de angustia nos pide llamar, ya no son sus amigos en quien confía, en quien busca el apoyo.

La situación ha cambiado, ya todo son caras de preocupación y con mucha amabilidad se acercan a preguntar si se pondrá bien su amigo “¿No va a morir verdad?”…

Tratamiento de la intoxicación etílica y traslado al hospital para analítica y estudio de aquella arritmia.

Al salir el grupo, ya amaneciendo, permanece sentado en unos escalones, ya no hay música, ya no hay alcohol, ya no hay porros…ahora hay llanto en manada.

Una historia personal y el pánico llegó a mi vida.

Una historia íntima, una historia de hace cuatro años.

Un regalo invisible…

En eso consiste este regalazo que nos hicieron nuestra madre y nuestro padre.

Este regalo invisible llamado vida; cada segundo es un regalo y nos resistimos a verlo, no queremos darnos cuenta…

A veces pienso que estoy tan preocupado en criar a mis hijos que olvido que mi padres envejecen, y es ahí, justo ahí cuando echo vista atrás y pienso en ellos cuando yo era niño.

Pelearon lo indecible, lucharon y entonces no lo veía, ahora no necesito de esfuerzo para poner en valor aquellos sacrificios, aquellos sudores de jornales de 12 horas recogiendo aceitunas a destajo…y yo era feliz.

Recuerdo recordar en aquella época el miedo a perder a uno de ellos, era pánico y ese pánico sigue siendo porque tengo la suerte de tenerlos aquí, aquí a mi lado, no físico, si emocional.

Y hace cuatro años el pánico llegó a mi vida.

Yo tenía dos empresas montadas en plena crisis, una de tecnología y otra de asistencia sanitaria. Era coordinador de la Enfermería del Área y llevaba un equipo de comerciales de otra empresa…mi vida no daba de si…aquellos sudores de mis padres eran presente en mi vida.

Los había visto trabajar tanto que no hacerlo yo me parecía indecente.

Trabajo y más trabajo ocupaban mis días y parte de mis noches…solo escribir me consolaba.

Y llegó mi Ángel, llegó aquella niña que una noche de verano se nos fue de nuestras manos directa al cielo…y mi vida dio un giro.

Y en ese momento de giro mi vida me dio otro zarandeo de los que te ponen los puntos sobre las ies.

Fue aquel verano tras la pérdida de Blanca, cuando una mañana tras la ducha me descubrí un “pequeño bulto”…

Y el suelo tembló bajo mis pies, y las cosas tornaron a negro.

No consultes enciclopedias Online me decía, sabía dónde buscar, sabía las probabilidades reales de que aquello fuese lo que no quería admitir, un 50 {dd1faaa974e128bd5987fd795b61a773592e8c72189d8063a58278bb9a158e92} justo.

No era mi especialidad y tenía que consultar a un especialista, pero era verano y estaba en Málaga.

Era verano y no había especialista al que consultar, llamé a escondidas y llamé y llamé y nada.

Era verano y eran vacaciones. Era verano y no quería asustar a mi familia.

Era verano y me tragué el pánico en silencio.

Era verano y pensé en el pánico que mis propios hijos sentirán al perder a su padre.

Era verano, aquel maldito verano…

Cada día tocaba la tumoración, y créeme, cada día la notaba crecer…sin duda la obsesión se apoderó de mi ya baja moral…estaba pasando los meses más amargos de mi vida y era el colofón de mi desdicha.

Recuerdo mirar a mis hijos bañándose en la piscina y pensar que quizá no habría otro verano, ni otra piscina, ni otras risas, ni otros paseos…

La cabeza es muy traicionera y la mía hizo que la tierra se abriese bajo mis pies, de repente todo dejo de tener el valor que hasta entonces había tenido; y me sobraba trabajo y me faltaba tiempo para ver crecer a mis hijos, me perdería sus adolescencias, sus amores, sus desamores, sus hijos, mis nietos…y volví a llorar, en silencio volví a llorar.

Así estuve 17 días hasta conseguir un especialista ya de vuelta a casa.

Aquella mañana al ir a aquella consulta noté que mi vida era moneda al aire dando vueltas y que sería cara o sería cruz…

Fue cara y a la mía volvió el color de ganas de vivir.

Lo conté a mi mujer, a mis padres, compartí el miedo pasado y tomé decisiones.

Vendí las empresas y mi vida volvió a girar, esta vez para dar más valor a lo que si merece la pena ser vivido.

Mis padres no pudieron elegir, yo si y tomé la decisión de ser menos rico y más feliz.

Tomé la decisión de vivir cada segundo como si fuesen dos.

Tomé la decisión de recoger el aprendizaje que esos 17 días y aquel Ángel me dejaron aquel verano para entender mejor que vivir es aquí, es ahora y es URGENTE.

Historia de un TES.

No es camillero, ni es ambulanciero…es Técnico en Emergencias Sanitarias.

Habéis sido muchos los compañeros Técnicos que en los últimos meses os habéis puesto en contacto conmigo. Agradecimientos y enhorabuenas he recibido por vuestra parte a raíz del libro y algún artículo que hace un tiempo escribí en el blog albertols.com dedicado a vosotr@s.
Hace 5 días un compañero TES me contactó por Messenger para relatarme su situación.

Le di mi teléfono y hablamos. Tras una hora de charla distendida no pude evitar empatizar más si cabe son su vida, con su historia.

No es el único que se encuentra así, por desgracia es una constante que se repite con demasiada frecuencia en este sector.
Tras años de formación, mucho esfuerzo y no pocos gastos se sacó el título conforme al RD 1397/2007. Le habían dicho que la administración haría bueno aquel otro RD 836/2012 y los trabajadores de emergencias dejarían de ser contratados como “camilleros”, “conductores” o simples “transportistas”…El reconocimiento en el ámbito laboral con su correspondiente categoría profesional estaba a la vuelta de la esquina.

Y se casó, y tuvo una hija y tuvo su primer contrato en prácticas…Lo veía normal, tenía que adquirir experiencia y le pareció oportuno. Después vendría el prometido contrato indefinido y el sueldo digno….
Y llegó la realidad, aquellos 600 €, poniendo él los gastos de desplazamiento, dieron paso al despido y en su lugar contrataron a otro compañero recién terminado por los mismos 600 €. Otro contrato en prácticas ocupando aquel puesto, eterno puesto en prácticas de eternas promesas incumplidas.
Y así se sucedieron contratos aquí y allí. Un peregrinar de empresa en empresa.

La administración subcontrata los servicios de vehículos y personal técnico. Aún teniendo un marco de legislación oportuno se niega a internalizar al técnico como otra categoría profesional más del sistema sanitario.
¿Alguien se imagina otras categorías sanitarias extarnalizadas?
¿Alguien se imagina otros técnicos sanitarios trabajando para la administración por 600 € y en prácticas eternamente?

Este chico trabaja actualmente para una empresa por 25 €/ 24 horas haciendo guardias localizado. Cuando las emergencias de su comunidad no dan se si, tiran de empresas privadas y ahí entra en juego él.
Admite que es un sueldo basura, que ganaría más pidiendo en la calle y que si ninguno lo aceptase quizá las empresas y la propia administración abriesen los ojos…pero tiene que dar de comer a su pequeña y no le queda otra. No seré yo quien se lo recrimine.

Lloró, al otro lado del teléfono lloró y me hizo encoger el alma…<<con 25/€ cada tres días no me da para sacar adelante a mi familia, a ninguna familia…>>

Hablamos de aquellos sueños cuando estudiaba para ser un buen profesional. De aquellos que a pesar de los pesares conserva, se sigue formando, sigue aprendiendo porque fue y es vocación lo que le mueve.

Hablamos del miedo que los Técnicos en Emergencias generan en parte de la comunidad enfermera que piensa que han llegado para sacarnos de las ambulancias.

Hablamos del miedo que la enfermería de emergencias que ocupa puestos de Soporte Vital Avanzado Enfermería (SVAE) genera en el personal médico que piensa que esa enfermería viene a sacarlos a ellos de las ambulancias…
Le conté que en nuestra Comunidad va un Técnico en la ambulancia de Urgencias, dos en los SVB y otros dos en las UVIS MÓVILES. Que sin ser idílica, la situación era mejor que la que se vivía en su territorio y que avanzar en pedir lo que es de ley es justo y necesario.

Hablamos de la necesidad de unión en un colectivo excesivamente disgregado, segmentado y polarizado.

Hablamos de lo humano y lo divino y nos dimos las gracias mutuamente, un chico con ganas que me ha enseñado a valorar más si cabe la función de mis compañeros, la realidad que me rodea y lo grandes profesionales con los que tengo la suerte de trabajar.
Un saludo y adelante, la lucha será larga, pero dará sus frutos.

Por una sanidad digna que de un servicio humano al paciente y un trato digno a sus trabajadores.

¡Hola me llamo Alberto y soy su enfermero!

La transformación digital no debiera implicar deshumamización profesional. Ambas son y deben ser compatibles.

Saturación, recortes, masificación, presión asistencial que nos machaca y nos quema.
Pocas profesiones han sufrido tanto en sus carnes el deterioro del sistema en estos años de carestía como la sanitaria.

Nos dijeron que la tecnología nos haría libres y apostamos por optimizar procedimientos, buscar eficiencia a costa de menos personas y más máquinas.

Y esa transformación sería muy útil si, los propios profesionales no fuésemos tan reticentes al cambio y si desde la organización se apostase por ls formación, optimización tecnológica adecuada y no solamente por adquirir la última versión.

La transformación digital nos deslumbró.
La empresa que no apostaba por ella quedaba descolgada y es muy cierto que sin la tecnología no hubiésemos alcazando las cuotas de eficacia, pero queda alcanzar la excelencia….

En algún momento de la evolución se nos olvidó que los sanitarios tratamos con personas, no con bultos. No somos una empresa de logística que almacena paquetes, no tratamos con materia prima inorgánica. No tratamos clientes, ni con historias clínicas ni con casos clínicos más o menos interesantes.

En algún momento de esta hiper tecnologización perdimos el foco, dejamos de mirar a la cara, dejamos de saludar, dejamos de preguntar por la familia, por las preocupaciones de nuestros pacientes. Había que hacer más con menos y rápido, todo rápido, quizá excesivamente rápido.

Datos y más datos, analizando “Big Datas de sufrimiento y penas” encontraríamos la solución a mil problemas de salud, y así es en muchos casos, no en todos.

Rellenar mil y un registros, mil formularios y mil encuestas sería la solución a casi todo.

Alguien pensó en la transformación de las personas, de los profesionales…y en ello andamos.

Todo nos ha llevado a un nivel superior de eficiencia y quizá eficacia.
Quizá transformación de organización y personas sea el camino, quizá esa evolución sea compatible con mantener la esencia, quizá no sólo sea compatible sino imprescindible.

Tenemos la tecnología, usémosla, y quizá añadiendo un plus de humanidad, podríamos alcanzar aquella tan deseada excelencia.

A veces me pregunto…
¿Dónde queda el trato cercano, el aliento, el calor de humano a humano?

¿De verdad no hay tiempo para un hola?

¿De verdad somos máquinas de aplicar protocolos?

¿De verdad un robot podría hacer mi trabajo?

Y llegó la humanización, alguien pensó que nos habíamos pasado algunos pueblos y…humanizamos procedimientos, humanizamos técnicas, edificios, instalaciones, aparatos, pero…¿Cómo humanizamos a esos profesionales saturados, quemados y en no pocas veces astiados del sistema?

No seré yo, simple enfermero de ambulancia, quien diga tener la solución.
Yo solo digo que ojalá aquel fonendo me siga sirviendo para escuchar la inquietud de mi paciente.
Yo solo digo que ojalá nunca me falte ese “hola” al llegar y un “espero que se mejore”, al dejar a nuestros pacientes en aquella cama de hospital; aunque su historia sea digital.

Yo sólo digo que ojalá el calor siga siendo de humano a humano y no de robot a cliente.

 

Una sanitaria de batalla y aquí está…
Una que guardia a guardia se pierde cumpleaños, Noches buenas y viejas, se pierde parte de la vida de sus hijos.
Una que llega a su casa rota y sabe que tiene por delante otra jornada laboral.

Una que, a pesar de dolores, sube con la mochila a un cuarto sin ascensor y baja al paciente igual que su compañero.
Una que se arrastra por el suelo entre cristales, barro y aceite para entrar en un colche volcado.
Una que aguanta el tipo ante amenazas cuando la cosa se pone fea.
Una que muchas veces vi cuerpo a tierra cogiendo una vía, intubando o colocando un collarín.
Una que también ve a sus propios hijos en la cara de nuestros pequeños pacientes y como madre no puede evitar empatía con su dolor.
Una que también suda, ríe, se emociona, pelea, gana o pierde.
Una que es compañera, confesora y amiga.
Una que a veces nos resulta invisible y sin embargo sustenta nuestro Sistema Sanitario.
Una que a fuerza de trabajo y valía busca el hueco que sin duda le corresponde.
Una que puedes ser tú; madre, tía, abuela, prima, amiga… y quizá mañana sea mi hija. Esa hija que hoy pone cara a esta sanitaria de batalla a la que admiro profundamente y hoy, al igual que ayer y mañana, doy las gracias de todo corazón.
Dibujo perteneciente al libro Batallas de una ambulancia.

Un niño de los de antes que fui yo, que pusiste ser tú.
Un día me preguntaba mi hijo que por qué no sabía jugar a la Play, si era de lo más normal y yo también había sido un niño…

Fue una charla larga, llena de preguntas de Pablo y respuestas que me llevaron a otra época…
<<…Nací lejos de aquí, un verano de 1972, un verano de calor duro y seco en el interior de la provincia de Málaga. Fue en un pueblo blanco y bonito llamado Villanueva de Algaidas.
Y fue mi abuelo José, quien montado en el mulo Valeroso, el que se acercó desde el pueblo al campo. A Zamarra, que así se llama el lugar donde me crié, a decir a mi padre que su primer retoño había nacido sano, delgaducho y renegrido.
Mi padre con sombrero de palma blanco y la horca en la mano aventaba una palva de trigo en la era…aquella era sería mi primer parque infantil.
Y el niño salió tragón, una lata de leche NAN cada dos días suponía la mitad del jornal de un padre cuyo único patrimonio eran sus brazos y sus ganas.
Infancia temprana en un cortijo. Cabras, gallinas, un gallo que me picó en mi ceja izquierda y cuya cicatriz aún me acompaña. Arroyos de agua fresca y continua. Olor a cuadra y conejos.
Un perro pastor alemán mi primer amigo.
Animales, huerta, almendros, cereza roja, peras, manzanas…y las uvas como perdición…
Tirachinas, escopetas de caña, canicas de barro cocido, palos y piedras mis primeros juguetes.
Pero no todo era aventura y juegos.

Aceitunas y más aceitunas. Mañanas de frío que congelaban mis orejas y traían los dichosos sabañones. Padrastros en los dedos y barro que clavaban mis pies a la tierra, era pánico a ser engullido por un humedal.
Cántaros de agua desde el caño a la casa, lavar en el arroyo…todo se hacía a fuerza de brazos e ingenio. Todo costaba algo, nada era gratis y su precio era el sudor.
Arrancar garbanzos en las mañanas, muy de mañana, es el trabajo más penoso que recuerdo. Dedos desollados y espalda rota.
Quitar piedras, escardar, regar, quemar leña, desvaretar, cavar olivos…
Recogida de aceitunas y mil tareas de campo al salir de clase, ya viviendo en el pueblo, me impedían ir a jugar al fútbol, no sé jugar a casi ningún juego colectivo, ayudaba en los ratos libres, no había otra y no me siento traumatizado por ello, más bien tremendamente agradecido.

Un abuelo de chistes, historias y dichos me abrió los ojos a un mundo de muy antes. Él nació en 1905 y su vida fue bastante más difícil que estaba siendo la mía, por eso te entiendo Pablo, por eso entiendo que me digas que los tiempos han cambiado y por eso tú tienes lo que yo no tuve. Me alegro por ello.

Pero déjame que te diga que hay una cosa que no ha cambiado, sólo aquel que suda lo que tiene aprende a valorarlo en su justa medida.
Aquel sudor de niño de antes me hizo aprender a valorar lo bueno que me da la vida.
Me hizo aprender a valorar tu esfuerzo.

Me hizo aprender a exigirte para evitarte frustración y dolor futuro.

Me hizo fuerte, no Superhéroe, pero si fuerte y con ganas de salir adelante poniendo sobre la mesa sudor y esfuerzo >>
Un niño de antes que hoy es un enfermero de batalla y narra sus vivencias en el libro Batallas de una ambulancia que ya está a la venta en este blog.

LÁGRIMAS DE UN MÉDICO DE FAMILIA
El talento de una persona que supo ver a sus pacientes, no sólo como pacientes, sino como pacientes y amigos. 
Una guardia más, una guardia que se presumía tranquila. Era un lunes cualquiera. Camino a la base, adolescentes de hombros caídos y cara somnolienta entran en el instituto.
Relevo de fin de semana duro, la fiesta dejó tras de sí alguna que otra salida sin mucho más que dormir la mona como receta infalible.
<<¡Nos vamos de aviso!>>, era José desde la entrada el que nos alertaba de un nuevo aviso.
<<Varón de 90 años con disnea severa, nos llama el médico de Atención Primaria >>
Casa de pueblo, familia de pueblo, gente sencilla y afable.
Al entrar ese sonido de líquido en pulmón, ese sonido de agua en ebullición tan característico del que se ahoga en sí mismo.
Saturación del 60{dd1faaa974e128bd5987fd795b61a773592e8c72189d8063a58278bb9a158e92}, afebril, corazón va rápido y su tensión está por los suelos… Su corazón se ha cansado de latir, sus 90 años de trabajo piden descansar. La insuficiencia cardíaca anticipa el final de una vida larga y probablemente feliz según relatan mil y una fotografía que salpican paredes y muebles. Fotos que van del blanco y negro, pasando por el sepia al color más color de la actualidad.
Actocortina, Seguril, Aerosol y algo de mórfico…medicación habitual que drena líquido y mejora saturación….
Alfonso abre los ojos por primera vez desde nuestra llegada y sonríe…
Hasta ese momento no había reparado en el médico, ese señor alto de bata blanca que no ha soltado la mano de nuestro (su) paciente.
<<Le da mimos.

Al terminar su jornada, aparca en doble fila y sube a visitarlo>>.

A pesar que un día erró un diagnóstico y una neumonía estuvo a punto de costarle la vida, Alfonso es su padre putativo sin matices.
Así nos lo narran ambas hijas a la par.

<<Escucha, no te hace sentir ridículo aún sabiendo que somos hipocondria pura, te explica por qué te receta y por qué no lo hace>>.
Fue la primera, y no ha sido la única vez, que vi a un compañero soltar una lágrima a la cabecera de un paciente.
Apenas habla y el relato de las hijas nos dibujan la semblanza un médico especial, uno al borde de la jubilación con mil batallas a sus espaldas que esa mañana de lunes llora a su paciente, llora a un ser humano.
El cuidado a los demás es su estilo de vida, ha llegado a ese punto de excelencia donde la salud de los demás es lo que da sentido a la suya propia.
No lo aprendió en la facultad, o sí, esa facultad que es el trato humano en una consulta cercana y sin corazas.
Alfonso se recuperó, tanto se recuperó que permaneció en su domicilio, junto a sus hijas, agarrando a la mano de su esposa cuyo Alzheimer había borrado memoria y no amor.
Al cuidado de su médico, su médico que es su hijo, ese que nunca tuvo, ese que al salir por la puerta nos da las gracias y sonríe, ya no llora, es alegría de médico de familia. 
Y tras aquel aviso me dio por pensar…
La magia de ese médico de Atención Primaria es haber conseguido tratar personas y no pacientes.
En la época de la tecnología como religión lo único que triunfa es el corazón y de eso ese hombre va sobrado.
Enhorabuena compañero, ojalá el día que me toque partir tenga un médico como tú a la cabecera de mi cama. Uno que sea médico y sea familia.
Desde aquí mi reconocimiento más profundo a aquellos médicos y practicantes de pueblo, aquellos que con pocos recursos obraban milagros a base de corazón y creatividad. 

Y así otra batalla y así una profesión.

Mi primera vez. Mi primera parada.
Y hoy, poniendo mi mochila en orden recuerdo…

Han pasado años y aún recuerdo aquella angustia, aquel sudor…
Hacía pocas semanas de mi incorporación a la UVI Móvil, tras meses de formación y prácticas estaba preparado, o al menos eso pensaba yo.
Recuerdo aquellos viajes de mañana temprano camino de la base, conforme me acercaba al trabajo aquellos pensamientos, aquellas dudas…¿Será hoy mi primera parada?, ¿Estaré a la altura?, estos equipos son buenos de cojones, saben lo que hacen y casi sin hablarse cada uno sabe lo que tiene que hacer…¿y yo, sabré reaccionar?
Había atendido éxitus e incluso una parada, pero nunca siendo componente de un equipo de emergencias, siendo responsable último. Siempre había alguien que te echaba una mano, siempre venía alguien detrás que te daba el relevo y te libraba de esa responsabilidad, pero sabía que el día que tocase en la UVI no vendría nadie detrás, o nosotros o nadie. Vida o muerte a tus espaldas.
La primera vez, recuerdo recordar aquel primer beso de primero de Instituto. Tenía 15 años y se me dio fatal, un desastre….claro que después mejoré, me decía en un intento de autoconsuelo.
Pensamientos aparte, era martes y quizá 13, pero ¡qué más da!, tocaba guardia lluviosa de frío intenso.
Revisar hasta la obsesión era mi mejor defensa en un intento de mitigar ansiedad. Cada vez que sonaba el teléfono de los avisos el tiempo se paraba a mi alrededor. ¡Por favor, Dios que sea una tontería!, me repetía cada vez que sonaba aquella dichosa musiquilla del Exorcista que un compañero, menos estresado y más veterano que yo, había puesto como tono de llamada.
Y sonó, justo era mediodía cuando el compañero técnico que llevaba en teléfono gritó ¡Parada chicos!… Y en ese momento te mentiría si te dijera que no sufrí yo la parada. 
Chaleco, riñonera, sirenas y ese sonido de guantes que encajan en manos…pocas palabras y mil pensamientos que me inundan.
Fueron menos de 10 minutos en los que di mil repasos al protocolo. Medicación, cálculo de dosis y visualización de mil prácticas. Todo revuelto y visión túnel al bajar de la ambulancia y coger mi mochila.
Un segundo piso sin ascensor y en la cocina entrando a la izquierda el equipo de primaria acaba de llegar e iniciar RCP Básica.
70 años sin antecedentes de interés, independiente para vida diaria que ha sufrido un síncope y lo han encontrado en parada.
No hay vía. Purgo suero en un segundo y coloco compresor, ¡no hay venas!, joder la obesidad y el frío han hecho que sus vasos se colapsen.
Mil ojos pendientes de mi y no hay vena que pinchar.
Un intento y nada, cojo aire, me voy al otro brazo y nada, otro pinchazo y le pido al compañero que saque una intraósea.

La tierra desapareció bajo mis pies, mi primera parada y mis peores pesadillas se estaban cumpliendo. ¡Joder qué mala suerte!…noto el sudor resbalar por mi espalda. 

Un último intento antes de usar la pistola de intraósea y…¡por fin tengo un pelo!, suficiente de momento…
Adrenalinas cada 3 minutos y voy preparando Bicarbonato.
Al coger la segunda vía todo cambia, ya si hay venas y todo sale perfecto. 
Quizá antes también las había y mi estrés nubló mi capacidad. 
30 minutos de RCP Avanzada y el médico dio por finalizada la reanimación. <<Para Alberto, hemos hecho todo lo posible>>. No había salido de aquella asistolia en ningún momento. Con los brazos agarrotados de dar masaje me resistía a parar. Fue la mano de un compañero puesta en mi hombro la que me sacó de aquella visión túnel que me impedía dejar de comprimir.
Paré y aún con mis manos sobre su pecho me recuerdo mirando aquellos ojos abiertos de mirada perdida de aquel hombre. Recuerdo el momento justo en el que fui consciente de que habíamos perdido.
Me inundó una desazón, una sensación de malestar y pena, unas lágrimas que no dejé que saliesen. Era un hombre joven y sano, era mi primera parada. Fue mi primer bofetón de realidad.
A pesar de haber hecho todo lo posible, todo el protocolo al pie de la letra; habíamos perdido la batalla. Lo que no decía aquel protocolo es que perder forma parte del protocolo.
Recuerdo recoger todo el material en silencio, recuerdo llanto silencioso de su mujer e hija y recuerdo culpabilidad mezclada con vergüenza.
Al salir mirada cabizbaja y un “lo siento, les acompaño en el sentimiento “, fueron mis palabras.
Con aquella charla que tuve con el equipo, ese que llevaban muchas batallas perdidas y muchas batallas ganadas, recuperé algo de ánimo.
Me eché en el sofá aquella noche y la sensación de frustración no me dejó cerrar los ojos.

Fue la primera y fue para mi un palo. Fue el inicio de entender.
De entender que somos sanitarios no Superhéroes y que para poder ganar hay que empaquetar muy bien las derrotas previas tras haber sacado las conclusiones de aprendizaje oportunas. 
Vinieron muchas más, ninguna fue igual a ninguna. Volvimos a perder y ganamos, algunas ganamos. 
Hoy sigo teniendo los mismos deseos de sacar adelante a alguien que se para y hoy entiendo mucho mejor que si no lo conseguimos es porque somos humanos y ante ese pequeño defecto poco podemos hacer más que volverlo a intentar con las mismas ganas que supuso aquella primera vez. 
Y así otra batalla y así una profesión.

No, no somos Superhéroes.Carta de un enfermero a una abuela que perdió a su nieto.

“Al leer su relato se me saltaron las lágrimas. Vaya por delante mi dolor, dolor a buen seguro de aquel equipo que perdió aquella batalla.

Sin ánimo de disculpar y desde el más absoluto de los respetos me gustaría comentarle, desde ese dolor me gustaría compartir con Ud.

Tardaron mucho…

Desconozco el tiempo que tardaron en llegar, desconozco el motivo de esos 25 minutos, pero resulta que es imposible tener una UVI detrás de cada persona. Quizá sea cierto que podría haber más recursos y quizá también no sea menos cierto que a veces la población demanda recursos avanzados para circunstancias que podrían resolverse con otros, dejando libres los avanzados para situaciones realmente de emergencia
No es menos cierto que todos deberíamos ser más solidarios con esas ambulancias que nos piden paso en la carretera con luces y sirenas, no son pocas las veces que nos vemos frenados por conductores que tratan de avanzar delante de nosotros, que no nos ceden paso en las rotondas, peatones que cruzan aun viéndonos venir…Ojalá fuésemos más solidarios, ganaríamos tiempo y puede que vidas.

No le salvaron…

Me gustaría hacerle entender que es mentira, no somos superhéroes, esa visión idealizada que se nos quiere hacer ver acerca de lo que somos es falsa.
Somos humanos y también perdemos, también nos equivocamos y no siempre sale cara. No le salvaron y estoy plenamente convencido de la frustración que esa derrota supuso a ese equipo. Ese que al salir por la puerta tuvo que reponer entereza porque quizá tuvo que enfrentarse a otra pelea; otra que quizá ganó o quizá también perdió, pero sin duda pelearon con las mismas ganas que lo hicieron con su nieto.

Me gustaría que entendiese que no somos culpables de que pasen las cosas, no somos responsables de que ese Ángel cayese al agua, no somos responsables de que alguien bebido atropelle a una señora con un carrito y mate a un bebé, no somos responsables de que aquel chico que cayó de la obra no llevase arnés de seguridad…somos responsables de tratar de arrebatar vidas a la que nunca pierde, y resulta que perdemos. ¿Somos por ello menos profesionales, somos menos humanos, somos responsables de todo lo que sucede?…
Me gustaría hacerle ver que también somos padres, madres, abuelos, que lo que a su nieto le sucedió le puede pasar al mio. Que estoy convencido que ellos vieron en su cara la cara de un niño tan querido por ellos como su nieto por usted.
Me gustaría contarle que sé lo que es perder un Ángel, sé el dolor que se sufre, sé que te ahoga el aliento y también sé que un padre una noche tras perder a su hija nos dio un abrazo que aún hoy agradezco. Esa noche un chico se salvó de un accidente de tráfico, tocó ganar, tras perder, tocó ganar.
Me gustaría hacerle entender a todos esos compañeros que hoy sufren por esas derrotas que perder forma parte de nuestro trabajo, que la frustración no ayuda y que la gestión de ese dolor es necesaria para poder seguir ganando.
Me gustaría por último hacerle saber que sé que nada de lo que diga podrá devolverle a ese Ángel y por ello querría darle un abrazo, uno sincero y de todo corazón

Alberto Luque
Un enfermero de batalla”
PD: Ayer subí un post a un grupo privado.
Narraba una parada de un niño que se ahogó y gracias a una buena RCP del socorrista y la actuación de nuestra UVI salió adelante.

Una abuela difundió un post donde recriminaba a un equipo haber llegado tarde y no haber salvado a su nieto de 3 años, yo le contesté tal y como puedes leer en los comentarios.
Empatizo con su dolor, aunque por desgracia me es imposible entenderlo plenamente, sólo aquel que sufre la pérdida de un hijo o un nieto puede saber plenamente lo que se siente.

Hoy decidí volcar, a través de esta carta, una reflexión en voz alta. Su relato me dejó un pellizco y me llevó a esas reflexiones que leíste en la carta. Reflexiones para mi, para los familiares, para el resto de compañeros que nos dedicamos a tratar de salvar vidas.

Una tarde de ira<<Os quiero y os voy a matar>>

Si, en esta profesión a veces te quieren matar…
Tarde atardecida era aquella de un febrero lluvioso, de uno de hace tres años.
Cielo plomo desde el amanecer y llovizna que nos había calado aquella mañana atendiendo un tráfico sin más consecuencias que chapa, pintura y fractura de muñeca.
A las doce de la mañana atendimos una parada. Mujer de 62 que se había sincopado en vía pública. Una hora de intentar, pelear y que había dejado sabor amargo en el equipo tras la derrota.

Hay avisos que aun saliendo todo bien al final sale todo mal.

Perdimos y fue uno de esos avisos que te colocan pies en tierra y te bajan del pedestal de los invencibles. Uno de esos que te dan bofetada de realidad y te enseñan que no somos super y menos héroes.
Aún recuerdo una hija joven que se acercó a preguntar entre lágrimas si su madre había sufrido…

Estaba siendo maldita guardia y la cosa, la cosa siempre puede empeorar, créeme, puede empeorar…
Justo eran las 17 horas y vuelve a sonar el teléfono. <<Chicos tenemos un camión ardiendo y un señor que parece haber intentado quemarse en su interior >>…Era el Técnico el que nos lo comentaba camino de la ambulancia.
Chaleco, riñonera atada a pierna y entrada en visión túnel. 
Sonido de guantes que se ajustan en manos heladas.

Sirenas, luces y otra vez a la carrera camino de una explanada embarrada de las afueras.

Un vigilante de seguridad ha apagado el incendio y sacado al conductor de la cabina donde al parecer ha intentado suicidarse.
Agachado y dejado caer sobre una rueda el camionero levanta la cabeza y nos invita a marcharnos <<Iros, no os necesito para nada. No me duele nada y estoy vivo, por desgracia estoy vivo >>.
Es un Policía quien nos comenta que, según les ha dicho, ha intentado quemarse porque ha gastado mil euros en bebida y chicas de compañía. Al parecer ha robado el dinero de la caja fuerte de la empresa y ha decidido “darse un festival” antes de acabar con su vida.
Agresivo, no colaborador. Da un salto para levantarse y encararse al policía que en ese momento habla por teléfono con la mujer…<<Tengo 54 años y puedo hacer con mi vida lo que me de la gana. Ni vosotros ni mi mujer me vais a obligar a vivir >>
Le conseguimos tranquilizar tras hacerle ver que queremos ayudarle. Tras ponerme gafas y guantes de seguridad, la experiencia nos puso en alerta, me acerco y consigo que hable, ya menos exaltado.

Nos cuenta que lleva un año sin probar una gota de alcohol, que su vida no tiene sentido y que no ama a su mujer sino a una Diosa del más allá, esa cuya voz le dice que su vida tiene un fin al otro lado. Ha de hacer caso a esa voz interior y ha de partir al otro mundo para cumplir una misión.

Según comenta la mujer al médico por teléfono, toma Antabus, ese fármaco usado para el tratamiento del alcoholismo. 
Alcohol y fármaco ha sido una bomba que ha despertado un brote de esquizofrenia, la sufre desde la adolescencia.

Conseguimos tomar constantes que están dentro de la normalidad. En la exploración no presenta signos de quemadura en fosas nasales, ventila sin dificultad y únicamente una ampolla en dorso mano izquierda que se ha hecho con un cigarrillo.
Parece colaborador y le comentamos la necedad de llevarlo al hospital para una revisión más en profundidad. No dice nada y se deja acompañar al interior de la ambulancia.

Al intentar coger vía algo no va bien, se pone tenso <<Os quiero, os quiero, de verdad que os quiero, pero esta maldita voz…Os tengo que matar, lo siento, pero os voy a matar >>…
En previsión de lo que pudiese suceder, ya estábamos poniendo sujecciones de manos y pies, pero no dio tiempo. Mano y pierna izquierdas comenzaron a golpear todo lo que encontraban…Intenta morder, escupe, voces, barro…

Cargo Midazolam y tras reducirlo con ayuda de la policía lo sedamos con difusor intranasal. 
Entra en sueño al tiempo que habla con su voz, <<Espera, espera que voy. Tengo que ir, ya dejé todo resuelto…>>…A los pocos minutos ronca camino del hospital.

Al llegar a base miro la ambulancia y otra vez un campo de batalla. Barro y sangre manchan suelo y sábanas…
Hoy si que fue una batalla y no precisamente literaria.
A veces nos toca librar estas, estas batallas contra mentes rotas, contra esa loca de la casa que decía Santa Teresa.

No son pocos los casos de chicos jóvenes cuya mente cayó en ese infierno quizá de la mano de aquellos porros de nada.

Alcohol y drogas no sólo rompen cuerpo, también desordenan cabezas y con frecuencia traen mentes rotas a esta ambulancia.
Y así otra batalla y así una profesión.