No, no somos Superhéroes.Carta de un enfermero a una abuela que perdió a su nieto.

“Al leer su relato se me saltaron las lágrimas. Vaya por delante mi dolor, dolor a buen seguro de aquel equipo que perdió aquella batalla.

Sin ánimo de disculpar y desde el más absoluto de los respetos me gustaría comentarle, desde ese dolor me gustaría compartir con Ud.

Tardaron mucho…

Desconozco el tiempo que tardaron en llegar, desconozco el motivo de esos 25 minutos, pero resulta que es imposible tener una UVI detrás de cada persona. Quizá sea cierto que podría haber más recursos y quizá también no sea menos cierto que a veces la población demanda recursos avanzados para circunstancias que podrían resolverse con otros, dejando libres los avanzados para situaciones realmente de emergencia
No es menos cierto que todos deberíamos ser más solidarios con esas ambulancias que nos piden paso en la carretera con luces y sirenas, no son pocas las veces que nos vemos frenados por conductores que tratan de avanzar delante de nosotros, que no nos ceden paso en las rotondas, peatones que cruzan aun viéndonos venir…Ojalá fuésemos más solidarios, ganaríamos tiempo y puede que vidas.

No le salvaron…

Me gustaría hacerle entender que es mentira, no somos superhéroes, esa visión idealizada que se nos quiere hacer ver acerca de lo que somos es falsa.
Somos humanos y también perdemos, también nos equivocamos y no siempre sale cara. No le salvaron y estoy plenamente convencido de la frustración que esa derrota supuso a ese equipo. Ese que al salir por la puerta tuvo que reponer entereza porque quizá tuvo que enfrentarse a otra pelea; otra que quizá ganó o quizá también perdió, pero sin duda pelearon con las mismas ganas que lo hicieron con su nieto.

Me gustaría que entendiese que no somos culpables de que pasen las cosas, no somos responsables de que ese Ángel cayese al agua, no somos responsables de que alguien bebido atropelle a una señora con un carrito y mate a un bebé, no somos responsables de que aquel chico que cayó de la obra no llevase arnés de seguridad…somos responsables de tratar de arrebatar vidas a la que nunca pierde, y resulta que perdemos. ¿Somos por ello menos profesionales, somos menos humanos, somos responsables de todo lo que sucede?…
Me gustaría hacerle ver que también somos padres, madres, abuelos, que lo que a su nieto le sucedió le puede pasar al mio. Que estoy convencido que ellos vieron en su cara la cara de un niño tan querido por ellos como su nieto por usted.
Me gustaría contarle que sé lo que es perder un Ángel, sé el dolor que se sufre, sé que te ahoga el aliento y también sé que un padre una noche tras perder a su hija nos dio un abrazo que aún hoy agradezco. Esa noche un chico se salvó de un accidente de tráfico, tocó ganar, tras perder, tocó ganar.
Me gustaría hacerle entender a todos esos compañeros que hoy sufren por esas derrotas que perder forma parte de nuestro trabajo, que la frustración no ayuda y que la gestión de ese dolor es necesaria para poder seguir ganando.
Me gustaría por último hacerle saber que sé que nada de lo que diga podrá devolverle a ese Ángel y por ello querría darle un abrazo, uno sincero y de todo corazón

Alberto Luque
Un enfermero de batalla”
PD: Ayer subí un post a un grupo privado.
Narraba una parada de un niño que se ahogó y gracias a una buena RCP del socorrista y la actuación de nuestra UVI salió adelante.

Una abuela difundió un post donde recriminaba a un equipo haber llegado tarde y no haber salvado a su nieto de 3 años, yo le contesté tal y como puedes leer en los comentarios.
Empatizo con su dolor, aunque por desgracia me es imposible entenderlo plenamente, sólo aquel que sufre la pérdida de un hijo o un nieto puede saber plenamente lo que se siente.

Hoy decidí volcar, a través de esta carta, una reflexión en voz alta. Su relato me dejó un pellizco y me llevó a esas reflexiones que leíste en la carta. Reflexiones para mi, para los familiares, para el resto de compañeros que nos dedicamos a tratar de salvar vidas.

Una tarde de ira<<Os quiero y os voy a matar>>

Si, en esta profesión a veces te quieren matar…
Tarde atardecida era aquella de un febrero lluvioso, de uno de hace tres años.
Cielo plomo desde el amanecer y llovizna que nos había calado aquella mañana atendiendo un tráfico sin más consecuencias que chapa, pintura y fractura de muñeca.
A las doce de la mañana atendimos una parada. Mujer de 62 que se había sincopado en vía pública. Una hora de intentar, pelear y que había dejado sabor amargo en el equipo tras la derrota.

Hay avisos que aun saliendo todo bien al final sale todo mal.

Perdimos y fue uno de esos avisos que te colocan pies en tierra y te bajan del pedestal de los invencibles. Uno de esos que te dan bofetada de realidad y te enseñan que no somos super y menos héroes.
Aún recuerdo una hija joven que se acercó a preguntar entre lágrimas si su madre había sufrido…

Estaba siendo maldita guardia y la cosa, la cosa siempre puede empeorar, créeme, puede empeorar…
Justo eran las 17 horas y vuelve a sonar el teléfono. <<Chicos tenemos un camión ardiendo y un señor que parece haber intentado quemarse en su interior >>…Era el Técnico el que nos lo comentaba camino de la ambulancia.
Chaleco, riñonera atada a pierna y entrada en visión túnel. 
Sonido de guantes que se ajustan en manos heladas.

Sirenas, luces y otra vez a la carrera camino de una explanada embarrada de las afueras.

Un vigilante de seguridad ha apagado el incendio y sacado al conductor de la cabina donde al parecer ha intentado suicidarse.
Agachado y dejado caer sobre una rueda el camionero levanta la cabeza y nos invita a marcharnos <<Iros, no os necesito para nada. No me duele nada y estoy vivo, por desgracia estoy vivo >>.
Es un Policía quien nos comenta que, según les ha dicho, ha intentado quemarse porque ha gastado mil euros en bebida y chicas de compañía. Al parecer ha robado el dinero de la caja fuerte de la empresa y ha decidido “darse un festival” antes de acabar con su vida.
Agresivo, no colaborador. Da un salto para levantarse y encararse al policía que en ese momento habla por teléfono con la mujer…<<Tengo 54 años y puedo hacer con mi vida lo que me de la gana. Ni vosotros ni mi mujer me vais a obligar a vivir >>
Le conseguimos tranquilizar tras hacerle ver que queremos ayudarle. Tras ponerme gafas y guantes de seguridad, la experiencia nos puso en alerta, me acerco y consigo que hable, ya menos exaltado.

Nos cuenta que lleva un año sin probar una gota de alcohol, que su vida no tiene sentido y que no ama a su mujer sino a una Diosa del más allá, esa cuya voz le dice que su vida tiene un fin al otro lado. Ha de hacer caso a esa voz interior y ha de partir al otro mundo para cumplir una misión.

Según comenta la mujer al médico por teléfono, toma Antabus, ese fármaco usado para el tratamiento del alcoholismo. 
Alcohol y fármaco ha sido una bomba que ha despertado un brote de esquizofrenia, la sufre desde la adolescencia.

Conseguimos tomar constantes que están dentro de la normalidad. En la exploración no presenta signos de quemadura en fosas nasales, ventila sin dificultad y únicamente una ampolla en dorso mano izquierda que se ha hecho con un cigarrillo.
Parece colaborador y le comentamos la necedad de llevarlo al hospital para una revisión más en profundidad. No dice nada y se deja acompañar al interior de la ambulancia.

Al intentar coger vía algo no va bien, se pone tenso <<Os quiero, os quiero, de verdad que os quiero, pero esta maldita voz…Os tengo que matar, lo siento, pero os voy a matar >>…
En previsión de lo que pudiese suceder, ya estábamos poniendo sujecciones de manos y pies, pero no dio tiempo. Mano y pierna izquierdas comenzaron a golpear todo lo que encontraban…Intenta morder, escupe, voces, barro…

Cargo Midazolam y tras reducirlo con ayuda de la policía lo sedamos con difusor intranasal. 
Entra en sueño al tiempo que habla con su voz, <<Espera, espera que voy. Tengo que ir, ya dejé todo resuelto…>>…A los pocos minutos ronca camino del hospital.

Al llegar a base miro la ambulancia y otra vez un campo de batalla. Barro y sangre manchan suelo y sábanas…
Hoy si que fue una batalla y no precisamente literaria.
A veces nos toca librar estas, estas batallas contra mentes rotas, contra esa loca de la casa que decía Santa Teresa.

No son pocos los casos de chicos jóvenes cuya mente cayó en ese infierno quizá de la mano de aquellos porros de nada.

Alcohol y drogas no sólo rompen cuerpo, también desordenan cabezas y con frecuencia traen mentes rotas a esta ambulancia.
Y así otra batalla y así una profesión.

Besos y caricias.

No leas, quizá no te va a gustar leer olor a frustración del que siente que falló a un ser querido, olor a sudor de batalla dura.
Revisando mi diario de avisos hoy me tropecé con uno de esos avisos duro en lo técnico y emocional; de esos que araña recordar.
Han pasado seis años de aquel agosto del 2011 y tras leer lo que en su día anoté no he podido evitar que se me nublaran los ojos al recordar a aquella chica. 
Te cuento lo que viví, lo que hoy recuerdo como si de ayer se tratase, como si ahora mismo estuviese sucediendo…
Calor y más calor. Era tarde de no salir, de esas que cuesta respirar y la luz te ciega nada más poner pie en la calle.
Era guardia de avisos ordinarios y un susto en la Piscina Municipal. Aquella tarde terminaba de leer El Quijote, fue mi verano del Quijote. Un verano bonito.
Volvió a sonar el teléfono a las cinco en punto y sin preguntas me calzo botas, chaleco y abrocho riñonera a cintura y muslo derecho.

<<¡Varón de 52 en posible parada, es atendido por su hija!>>

Calles desiertas y silencio en la ambulancia sólo alterado por sirenas y sonido de guantes que encajan en manos sudorosas. No hay palabras de por medio.
Inconscientemente, cada uno de nosotros, repite un gesto, un algo tipo tic que le hace entrar en su propia visión túnel, su propia concentración previa a la batalla que se avecina.
Chalet grande de ladrillo y granito. A la puerta una mujer suplica prisa entre lágrimas y sollozos. 
Salón a la derecha. Aire acondicionado que nos recibe con un bofetón de frío intenso. Sobre una alfombra roja varón inconsciente entre sofá y televisión. 
A un lado un vecino realiza maniobras de RCP Básica, al otro su hija, una chica de unos 20 años <<Despierta papá, despierta por favor…>> Besa su mejilla al tiempo que acaricia su pecho desnudo y sudoroso que es comprimido por aquel vecino.

RCP práctica y RCP de cariño al tiempo pensé. Reanimación de besos y caricias es la de su hija, una reanimación del que nada más que dar ese cariño sabe hacer para devolver a la vida a ese ser querido.
Inconsciente en parada. Un compañero releva en el masaje. El monitor describe esa falta de pulso, esa asistolia que es muerte. Pupilas midríaticas arreactivas a la luz.
Pulsioxímetro no capta, glucemia dentro de la normalidad.

<<Se ha levantado de la siesta con malestar general, ha vomitado y de repente ese dolor intenso en el centro del pecho que le ha llevado a perder la consciencia entre asfixia y sudor frío >> La hija le continúa besando, ahora la mano, mientras relata que se ha bloqueado, no ha sabido reaccionar a pesar de que desde el 112 le estaban indicando qué debía hacer. Su madre ha alertado al vecino que es monitor de un gimnasio y ha sido el que ha iniciado las maniobras.

<<Mi padre ha muerto por mi culpa, no le he ayudado, cuando más me necesitaba no he sabido ayudarle>> lágrimas…<<despierta por favor, no nos hagas esto, por favor despierta…>>

Vía del 18, adrenalinas, a los pocos minutos la médico le ha intubado, yo le he colocado sonda nasogástrica y me voy relevando con los técnicos en el masaje.
Lleva unos 15 minutos en parada y su único factor de riesgo es una maldita hipertensión recién diagnosticada.

Es joven y tiene que salir, <<¡Venga vamos, vuelve!>> susurra entre dientes el conductor a golpe de compresiones, se trata de una familia amiga de sus padres, aquella chica es amiga de la infancia.

Pasan los minutos y el sonido de las compresiones torácicas, ese sonido hueco tan característico que una vez lo oyes nunca lo olvidas, es el único que se escucha en aquel salón con olor a fatalidad.

<<Para, para…tiene pulso >>, satura a 97{dd1faaa974e128bd5987fd795b61a773592e8c72189d8063a58278bb9a158e92}, la capnografía es óptima y el monitor registra ritmo de taquicardia, su corazón quiere despertar.

Ilusión truncada al minuto, entra en Fibrilación Ventricular, descarga y asistolia. Vuelta al masaje…

Un, dos, tres, cuatro…y otra vez ese sonido grave de costillas que se hunden para estrujar miocardio.
Otra Fibrilación, y a la segunda descarga vuelta al ritmo de vida…taquicardia que va cediendo a ritmo sinusal.
Sonrisas y lágrimas en la chica que no suelta la mano al tiempo que no su madre no suelta el hombro de la chica. Ambas han sido invitadas por la médico a presenciar la reanimación si se veían con fuerzas.
Hay que trasladar a hospital con Hemodinámica.
Durante ese traslado no recupera consciencia a pesar de no haberle sedado…habrá que esperar a ver si quedan secuelas.

Transferencia rápida en urgencias donde espera el cardiólogo…hay que estabilizar y esperar.

Al salir, la madre sostiene a hija que ahora llora sin consuelo posible. No es capaz de articular palabra más allá de la culpa, esa culpa que tratamos de hacerle razonar no le pertenece, <<Hiciste lo que buenamente pudiste y tu padre va a salir de esta >>. <<Tus besos y tus caricias a falta de otra cosa fueron su, tu consuelo. La vida la puso vuestro vecino>>
Nos dio un abrazo a los cuatro del equipo y un <<La próxima no fallaré, la próxima sabré hacer RCP, os lo juro…>>
Por el compañero supe que fue dado de alta al mes y medio. Tuvo secuelas de las que nunca se recuperó totalmente, pero que no le impiden hacer una vida dentro de la “normalidad” de un post infarto.
Y así otra batalla y así una profesión.
Tienes, como siempre, permiso para compartir, si te gustó puedes compartir.
Otros relatos en el blog que es tu casa albertols.com 
#BatallasDeUnaAmbulancia #MarcaPersonalSalud #Emergencias

Hace años era sábado, tal día como hoy tocaba guardia.
La vida, aún en el momento en el que más amargue la hiel del sufrimiento y la desesperanza, merecerá ser vivida.
<<Mala racha, las guardias de días previos han sido duras>> 
<<Una niña se atragantó ayer tarde comiendo palomitas y gracias al equipo de primaria, cuando llegamos nada más que dar enhorabuena nos tocó hacer>>, esas palabras fue el relevo de la compañera.

La gripe hace estragos entre personas mayores, se descompensan y todo se complica.
Revisión a fondo y reponer material que, en un aviso de última hora, había gastado el equipo saliente.
<<¡¡Aviso, salida de vía con vuelco!!>>, era tarde noche, llovizna y niebla.
Riñonera, chaleco y en poco más de un minuto camino de una carretera comarcal a 10 kilómetros. Luces deslumbran a unos niños que pasean en bicicleta y nos saludan al pasar, esas luces, esas sirenas que estasian a menores y aturden a mayores. No fueron pocas las veces que vi a una señora mayor santiguarse a nuestro paso…
Intermitentes y brazos en alto nos indican que es en un cruce tras un cambio de rasante. Allí a unos cincuenta metros dentro de un viñedo.
Somos los primeros en llegar. Y justo al bajar un chico joven de rodillas trata de despertar, trata de arrastrar a su mujer de dentro de aquel vehículo amarillo tumbado boca abajo.
Se me ha ido en la curva, no sé cómo ha sido…nervioso y con cara sangrante nos relata los volontazos y el vuelco.
<<Venimos de tomar café con unos amigos, no he bebido, no he bebido…he sacado de la silla de sujeción al niño. ¡Y mi mujer no quiere despertar, haced algo por favor, haced que se despierte…!>>
Una señora mayor sostiene a ese hijo de 2 años que llora sin consuelo. Sólo un arañazo en su mejilla y el resto, tras revisión rápida, no muestra lesiones de interés.
La mujer inconsciente atrapada boca abajo. Respira y tiene pulso. 
Saturación baja y pulso débil. Sangra abundantemente por herida en pierna izquierda.

Llegan bomberos y mientras proceden a extricar cogemos vía en mano que sale por ventanilla.
Me corté, me arañé el antebrazo derecho mientras sostenía aquella vía. Reponer volumen y la compresión de la herida se hacía prioritario.
Huele a gasolina, huele a hierro, ese olor a sangre, ese olor a sangre mezclado con sudor y barro. Era noche de niebla y frío, sudábamos…
Collarín y a colchón de vacío.
<< Vamos a intubar >>, con luz de focos todo va rápido, todo sale bien. A los pocos minutos su tensión arterial se recupera y suben niveles de oxígeno en sangre.
Presenta fractura abierta muslo y tobillo catastrófico.
Viene el Soporte Vital que trasladará al chico junto a su hijo acompañados por un equipo de primaria.
Las pupilas de la chica son de igual tamaño, reactivas. No presenta TCE de importancia. Si trauma torácico con posibilidad de fractura costal múltiple.
No hemos sedado y al inicio del traslado pelea con el tubo, quejidos, buena señal…
Sedación, analgesia y control de volumen.
Sonda nasogástrica y vendaje son los últimos cuidados ya de camino.

Llega estable y marido e hijo en brazos la esperan. No han querido entrar sin darle un beso al pasar…
<<Hemos discutido, veníamos chillando por una tontería, lo siento cariño, lo siento, lo siento…>>. Lágrimas de pena, lamento tardío en la puerta de aquel hospital.
Al entrar de guardia el día 2 de enero consulté la historia clínica de la chica, seguía ingresada, fuera de peligro y tres intervenciones a sus espaldas.
Fue una discusión, fue una distracción, fue un motivo sin motivo lo que puso una vida en el filo, la que estuvo a punto de costar la vida a aquella chica.
Ganamos, ganó y fue una lección. 
Y así otra batalla y así una profesión.

Mi mamá me mima.Esta es la historia del amor incondicional de una madre y la mala cabeza de su hijo.

Tres cosas hay en la vida decía la canción…Salud, dinero y amor…Y las tres las puedes perder por tu mala cabeza.
Y aquella tarde aquel chico perdió salud, dinero y sólo el amor de aquella madre le salvó de perder la vida.
Nos activaron por varón en estado de agitación.
Sobre la mesita de noche dos botellas vacías de alcohol, mil colillas, latas vacías de coca cola, cocaína…
Por el suelo trozos de bolsa de plástico y gomas de envolver los gramos de droga.
Un amasijo de ropa y comida amontonada en una esquina decoran la habitación. El olor lo pone una densa nube de humo.

35 años y admite haber consumido cocaína 48 horas ininterrumpidas. 
La madre mantiene la calma, a pesar de un golpe evidente en mejilla derecha y labio superior sangrante, <<me ha golpeado al darse cuenta que he tirado por el fregadero lo que le quedaba de cocaína>>. No quiere ni escuchar hablar de agresión ni denuncia, <<es mi hijo y lo quiero>>.
<<El viernes me quitó las llaves del coche y dice que lo ha vendido. Le han dado 3.500€ que se ha gastado en dos días…>>.
<<Me lo debías, todo hijo tiene derecho a disfrutar. Tienes la obligación de pagarme y eres una puta que me ha robado 1000 € de farlopa. ¡Ojalá te pudras, ojalá te mueras! >>.
La sangre se agolpó en mi cara, la mala leche y las peores emociones me invadieron. Lo siento, admito que tratar a aquel hombre era lo que menos me apetecía. Fueron segundos en silencio que me obligaron a hacer uso de la concentración más plena para hacer correctamente mi trabajo, me costó, lo admito, pero lo conseguí.
Retiramos a la madre para curar su labio y tranquilizarla.

Agitado y refiere dolor precordial intenso. Sangra por ambas fosas nasales.

El monitor indica la taquicardia y sus pupilas como platos no dejan lugar a dudas…

Sudoroso, pálido, ha vomitado. No sabe la cantidad de “pollos” que ha esnifado y fumado mezclados con heroína.

Si queremos saber nos dice que contemos los plásticos y gomas. Cada goma un pollo, un gramo.
Hipoglucemia e hipertermia.

El ECG nos alerta, hay elevación de un segmento, ese ST que puede ser compatible con infarto agudo. En el contexto de consumo excesivo es difícil hacer diagnóstico diferencial, así que vía y tratamiento de síntomas, intoxicación y posible infarto.

Activamos Código Infarto y traslado rápido. 

Durante el traslado se tranquiliza y trata de convencernos que ha sido algo esporádico. Que tiene derecho y su madre obligación.

Su padre murió en un accidente laboral y el dinero de la indemnización es para darle mejor vida a él, su padre dio la vida para que él disfrutara la suya y su madre no tenía derecho a robarle su felicidad…

Otro ojercicio de autoconocontrol intenso me hizo falta para seguir escribiendo en la historia clínica sin perder el foco, la salud de aquel desagradecido desagradable. 
Al sacarle sangre me pregunta que cuánto gano por hacer mi trabajo, por hacer un trabajo de mierda… No le respondí.
Su actitud altanera, chulesca va en aumento.
<<Tienes un infarto y tienen que hacerte un cateterismo >>, le comenta la médico. Y justo ahí tomó consciencia de su situación real. 

Su chulería torna en silencio y lágrimas…<<¿Dónde está mi madre?>>.

Al llegar informamos a la madre que nos acompaña junto a la camilla mientras agarra la mano de su hijo…ahora la quiere, ahora su madre es lo que más quiere en este mundo.
Le informamos que tenemos que presentar parte al juzgado por sus lesiones y nos dice que hagamos lo que tengamos que hacer, ella negará la agresión y punto.
La intervención confirma obstrucción, infarto agudo de miocardio.
No volví a saber de ese chico, no sé si aquel stent abrió no sólo su corazón sino también su cabeza. Aquella mala cabeza que, de no haber sido por el amor incondicional de una madre, le hubiese llevado a la parada y probablemente a la muerte…
Y así otra batalla y así una profesión.

Elegidos por la fortuna.
Y otra vez era lunes y otra vez sería día de agua y nieblas.
Y hoy me vino a la memoria aquella mañana de invierno del 2009.
Era otra base, no era mi base habitual. Revisando la ambulancia de repuesto, la de diario se había averiado la noche anterior, cosa de poco. Material y medicación en su sitio, tocaba tomar el segundo café…la cafetera terminaba cuando sonó aquella melodía de aviso…
Un árbol ha caído en la puerta de un colegio y ha atrapado a varios niños…
Y todo es rápido, todo es correr, con cabeza fría y corazón caliente correr…
Hay avisos, hay llamadas que te escogen el alma y estrujan el estómago. 
Es un pueblo cercano. Prisas y recopilación de datos por el camino… Son tres niños de infantil y una madre atendidos por policía local, una niña parece estar en estado grave.
Al ponerme aquellos guantes no pude evitar pensar en mi propia hija. Aquellos tres niños, mis propios hijos y sus mochilas de Dora y Pokemon…Los niños miran hacia sus propias demandas, todo gira entorno a sus propias necesidades sin ir más allá, en ese momento esos niños ponían su necesidad más básica, la vida, en nuestras manos.
Los hombres toman tanta o más consciencia de demandas y necesidades ajenas, seres queridos y su entorno se convierte en su centro de visión, esos niños eran en ese momento nuestros seres queridos, eran nuestro único foco. 

Tumulto de gente entorno a un árbol gigante caído sobre unos bancos. Mochilas por el suelo, paraguas y carreras de profesores y padres. 
Tumbada en un soportal del colegio una niña y su madre llorando a su lado.

Dos niños a escasos metros presentan heridas leves. Una pequeña herida en cuero cabelludo de un niño rubio que empapa cara y chándal blanco. 
El otro niño sufre crisis de ansiedad y resto sin hallazgos.

La mujer presenta heridas en cara y cuello que no revisten gravedad.
<<¡La niña, Alberto ven!>>

La niña inconsciente tumbada sobre un chaquetón infantil y su cabeza sangra abundantemente. 
Inconsciente, constantes dentro de la normalidad. Compresión con gasa del sangrado…y su madre en estado de shock agarra su mano…

Saturación y ritmo cardíaco también indican cifras de normalidad cardiorespiratoria.
Sufre un TCE frontoparietal sin signos de fractura. Sus pupilas reaccionan a la luz y son de igual tamaño, otro signo de esperanza. 
Vía y revisión rápida de trauma sin otro hallazgo.
Collarín, vendaje local de herida y al colchón de vacío.

Al levantarla emite un pequeño gemido que nos suena a música celestial. Del quejido al llanto enérgico. Consciencia recuperada y <<¡Mamá, mamá >>, madre e hija se funden en un abrazo que hace recuperar ánimo a la madre.
Lágrimas en el resto de padres y madres presentes, un <<Ay, Dios mío que alegría>> resuena a mis espaldas…
Al pasar junto al árbol nos percatamos del tamaño de las ramas, han partido en dos un banco. ¡Increíble que sólo haya sido cosa de arañazos y unas lágrimas!
De camino la niña se tranquiliza nos habla de sus notas, de sus gustos y de que de mayor quiere ser médico. Inquietud de una niña de 10 años resuena ese día en nuestra oficina…sonrisas de camino.
Fue un día de ganar, cuando apuntaba a perder, ganamos.
Aquel día la fortuna vino a visitarnos, vino a visitar a aquellos niños de la fortuna.

Y así otra batalla y así una profesión.

¿Y dónde coño vas a esa velocidad por el centro de la ciudad?
Tus prisas no merecen ni un ápice de sufrimiento. Las suyas destrozaron dos vidas aquella noche…

Consciencia, deberíamos tomar consciencia…Hay prisas que matan. Y un coche en manos de las prisas es un arma que ejecuta personas.
¡Aviso!, otra guardia movida era aquella de aquel festivo de aquel diciembre 2013.

Atropello en vía pública, mujer con posible fractura de pierna, fue el aviso que el compañero nos contó justo antes de echar a andar.

Y las prisas, las sirenas y las luces nos ponen en marcha, marcha rápida, nosotros si teníamos prisa…
Camino de aquella calle estrecha que sale de una rotonda cercana nos ponemos guantes y comentemos como siempre las posibilidades del aviso. En esa calle es imposible coger velocidad, está bien iluminada y señalada.

¡Me ha matado!, este chico me ha matado…

Señora joven semisentada sobre piernas facturadas por diversos sitios. La derecha prácticamente amputada, sólo las medias y algo de piel sostienen un miembro catastrófico…
Me duele…Vía del 18 y Fentanilo intravenoso le traen esa analgesia que le consuela y no le tranquiliza.

Llora, las lágrimas brotan cuando mira hacia abajo y toma consciencia de su estado.
A escasos metros un chico joven de camiseta blanca y manos en la cara no se explica lo que ha sucedido…¡Ha sido sin querer, el coche se me ha ido en la rotonda, lo siento, lo siento…!
Revisión de trauma confirma fracturas múltiples en ambas extremidades inferiores al ser arrastrada y atropellada contra una pared. Resto, salvo alguna herida leve en manos, sin interés. No sangrado abundante.
TA baja, 115 latidos, frecuencia respiratoria elevada.

Alineamos y vendamos extremidades.

Pasamos volumen, más analgesia, analgesia que mitiga dolor y no pena, lágrimas y más lágrimas…ansiolítico,inmovilización. Camilla cuchara a colchón de vacío y a la ambulancia.

El chico confiesa que iba rápido, llegaba tarde…
Aquella noche, aquella prisa amputó una pierna y destrozó una vida de un chico joven que tenía, tenía prisa por llegar…

¿Y de verdad hay prisas que merezca la pena tanto dolor?..

Aquel chico de 20 me contó hace poco sus 4 años de arrepentimiento. Abandonó la carrera y las prisas…su vida se vino abajo y aún no ha levantado cabeza.
Tienes permiso para compartir, si crees que no hay prisas al volante que merezcan ese dolor, puedes compartir.

Y así otra batalla y así una profesión.

No leas, es pena pura lo que pasó…Hoy hace tres años o quizá cuatro y qué más da.

Con las consecuencias de lo que hice hoy, sabré mañana lo que he aprendido.

Aquel día estaba de guardia en una base distinta a la mía y la revisión era revisión a fondo, me gusta saber dónde está cada cosa cuando no trabajo en mi “oficina”.
¡Rápido Alberto, nos vamos de aviso!
“Chico de 17 inconsciente, no me han dado más datos”, era la médico con cara de sorpresa la que me lo comentaba.

Y de camino las elucubraciones de qué ha podido suceder…Ninguna de las posibilidades nos colocaba en el drama que nos tocaría, me tocaría vivir…
Un tercer piso de un bloque en el barrio moderno de la antigua ciudad.
Al abrir la puerta me doy de bruces con un antiguo compañero. Alegría tras casi siete años sin saber de él.
Su cara de sorpresa y pena, casi no pude contener las ganas de darle un abrazo.

Pero unas lágrimas en sus mejillas me hacen suponer que la desgracia llegó a su casa y avanzamos por el pasillo sin palabras de por medio.

Tendido de lado, en el suelo del salón, aquel chico joven y extremadamente delgado. Con aquella sudadera gris de los Chicago Bulls…Pongamos que era Gonzalo, que más da.

La madre, en silencio, sujeta su mano.
“Se ha desplomado sin más. Ha terminado de desayunar y ha dicho que no soportaba el dolor, se ha caído muerto al suelo”.

Al girar la cara para valorarlo reconozco perfectamente a aquel chico. La última vez que le vi era un niño de 10 años alérgico al que vacunaba cada 15 días.
Inconsciente,respira y tiene pulso. Gonzalo está vivo.
Satura al 98 %, su glucemia es de 60 mg/dl, TA de 100/57, no tiene fiebre y su latido es fuerte a 80 por minuto.
Sus pupilas son isocóricas y reactivas a la luz.

ECG sin alteraciones. Todo salvo glucemia parece normal.

No todo, aquel cuerpo caquéctico  y aquella tez cetrina de muerte cercana nos estaba anticipando lo que no queríamos creer…Tiene un tumor terminal.

Vía del 18, suero glucosado y a los pocos minutos recobra consciencia…
Náuseas  y Primperan intravenoso que le mitigan sus ganas de vomitar lo poco que había podido comer.

El padre, ese amigo, me coge del brazo y me saca del salón para darme un abrazo y echarse a llorar, lágrimas en mi hombro y lágrimas en mi cara…
“Se nos va , Gonzalo se nos muere”
Un día jugando al baloncesto se sincopó y ahí descubrieron su tumor óseo que le ha quitado la vida en tres meses.

Tras hablar un rato con él, volvemos al salón y es ahí donde el chico me sonríe…se acordaba de mi…”Alberto, me dabas miedo con aquella jeringa, ¿lo recuerdas?, me comenta ya repuesto y sentado en el sofá.
Charlamos, fue un rato de recuerdos, los suyos de infancia y los míos de enfermero recién terminada la carrera. Años bonitos que hoy son recuerdos entre pena.
“Me muero, lo sé y quiero pedirte un favor”.
Duérmeme por favor, quiero dormir y no despertar, por favor duérmeme, necesito morir ya. Estoy sufriendo tanto que necesito morir”.

Otra vez el nudo que me ahogaba el aliento y la sensación de vacío que te embarga cuando sabes que poco podrás hacer.
Te prometo que vamos a quitarte el dolor y vas a poder vivir dignamente, creo que fueron mis palabras.
Gonzalo se encuentra en programa de paliativos y su dosis de mórfico le es insuficiente. La médico coge el teléfono y a la media hora el equipo de apoyo a pacientes terminales aparece por la puerta.
Hay que modificar tratamiento, el dolor no tiene sentido y machaca física y emocionalmente a Gonzalo.

Le administramos su primera dosis da Fentanilo y quedó prescrito en parches.
A los pocos minutos sonríe, “joder esto que me habéis puesto es vida ” dice entre sonrisas.

Un “Muchas gracias” y un abrazo sincero me da antes de salir por la puerta. Abrazo de un niño grande que sabe que nunca podrá ser un niño adulto.

De aquel niño asustado ante aquella minúscula aguja de la vacuna que hoy afronta el peor de los miedos.

Su padre nos dio mil gracias y otro apretón de manos con el que traté de desearle suerte y fuerza para lo que se avecinaba.

De regreso a base, otra vez silencio, otra vez frustración y otra vez “Coño, que injusta es la puta vida”.

No volvió a llorar de dolor, me comentó su padre en una llamada telefónica a los pocos meses. Gonzalo había fallecido triste, pero sin dolor.

Y hoy, tres o cuatro o cinco o quizás más años después, recuerdo a Gonzalo junto al mar. Ese mar en el que lavo uniforme, el que mitigo mis penas y vacío mochila.

Y hoy vuelvo a pensar, vuelvo a tener más claro que ese cielo y ese mar, que vivir el momento tiene todo el sentido. Vivir la alegría, las penas vendrán sin ser llamadas.

Y así otra batalla y así otra profesión.

PD : Como siempre, Gonzalo no se llamaba Gonzalo y su historia queda respetada como no podría ser de otra manera.

Y llovieron patadas y llovieron puñetazos.
El hombre que desea ser infeliz halla el modo de poner a prueba su rumbo.

El hombre que busca el rumbo adecuado halla el camino de ser feliz.

Si, lo asumo, tengo ese Imán para esos avisos “especiales”, diferentes. Esos que con frecuencia ponen a prueba nuestro máximo potencial y no pocas veces colocan nuestra propia integridad física en el alero.
Alguien decide lesionarse tras beber, ingesta de fármacos y drogas… cuando se ve desfallecer llamada de alerta antes de morir desangrado.
Corte y sangrado abundante tras meter extremidad en un cubo de agua caliente…
Compresión y vendaje frenan la hemorragia venosa, no compromiso arterial.
A ojos poco entrenados se encuentra inconsciente y al borde de la muerte, pero se resiste a la apertura de párpados y moviliza pies al dolor.
Pupilas medias isocóricas y reactivas.

Tensión arterial dentro de la normalidad. Ligera taquicardia, pulso lleno. Resto de constantes también son totalmente normales.

Paciente dispuesto para traslado a hospital donde será atendido por un cirujano.
Presencia policial, que acudió a su llamada de auxilio, nos ayuda a gestionar la situación. Todo parece controlado y dentro de los parámetros de seguridad para paciente y equipo.

En un segundo y sin previo aviso se agita, grita, se descontrola y llueven patadas y llueven puñetazos. Se arranca la vía, sangre y más sangre…Golpe en una ceja a un compañero técnico, golpe en la cara al otro…saltan objetos, se rompe cenicero y vuela algún vaso de la mesa que se hace añicos a nuestro lado…El caos…
Hemos pasado del control al descontrol sin previo aviso, nada lo hacía preveer y hemos de reaccionar tan rápidamente como su agitación y descontrol.
Hemos de evitar que se lesione más y asegurar nuestra propia integridad.
Policía apenas puede sujetarle mientras le sedo con difusor intranasal. Su fuerza es descomunal…Midazolam hasta tres ampollas, dosis que a ti y a mi nos dejarían como un tronco, a él simplemente le relajan y algún bostezo…
Intentar otra vía y comenzar puñetazos de nuevo…
Conseguimos hacernos con él, no fue nada fácil…
Traslado con medidas de contención y al llegar a hospital el paciente va dormido…Tratan de coger otra vía y vuelve la lluvia de golpes, esta vez es contenido por compañeros y personal de seguridad…muchas manos que apenas pueden con un solo hombre…
No hubo que lamentar daños en ningún componente del equipo.
Sólo la precaución y la alerta nos hará estar preparados para afrontar lo inesperado.
Porque en este trabajo lo inesperado se hace frecuente y con esa frecuencia llueven puñetazos y golpes…

Nada habló, ninguna explicación. No seré yo quien juzgue motivos y comportamiento…
Hay que estar muy desesperado para llegar a ciertos límites.

Sólo te diré que hay soluciones, aunque hoy no las veas, créeme que las hay.
Busca personas, busca herramientas y nunca desistas en la lucha. Los puñetazos y los golpes se pueden evitar.
Quizá alguien esté al borde de esa desesperación y necesita saber que no es el camino. El camino de los puñetazos y golpes no es más que el camino al interior de esta ambulancia.
Quizá este post ayude a ese alguien que necesita leer, necesita escuchar que el único camino es el de pedir ayuda y si busca hallará gente dispuesta a prestar esa ayuda.

Y así otra batalla y así una profesión.

Yo controlo y alcohol,  palabras incompatibles.

Todo era blanco, todo era niebla, pero  él  controlaba…

Era mañana recién venida y era guardia de domingo.

Al ir de camino me adelantan coches a una velocidad imposible, nadie puede ver tanto en aquella oscuridad blanca.

¿En qué irán pensando esos conductores?, era mi pensamiento… ¡Cuán difícil resulta conocer el rumbo de mente ajena!

Apenas termino de revisar cuando el teléfono nos vuelve a poner en marcha una vez más ¡Salida de vía con vuelco!, es en la autovía por la que hacía media hora había pasado, esa donde todo era blanco y oscuro…

A los 7 minutos estábamos al pie de aquel coche patas arriba, aquel amarillo que ocupa el carril derecho dirección Toledo.

Una chica de rodillas, chilla y tira en un intento de sacar al conductor atrapado en el interior del vehículo.

“Un animal se nos ha cruzado, ha dado un volantazo y sólo recuerdo vueltas y más vueltas. He conseguido salir por la puerta de atrás y al mirar he visto que él estaba muerto”

Casco, guantes anticorte y desde ambas puertas delanteras accedemos al habitáculo entre cristales, hierros y aceite que empapa la calzada.

EL conductor es un chico joven que se encuentra atrapado boca abajo y sujeto por el cinturón. Inconsciente, respira y tiene pulso. Baja saturación y no sangrado abundante, varias fracturas son evidentes a simple vista. Mascarilla con reservorio y collarín.

Los bomberos no tardan más de 10 minutos en sacarlo por luneta delantera. Al tablero con Dama de Elche que fija su cabeza tras comprobar que no sufre TCE de importancia a simple vista. Está chocado, su tensión por los suelos y logro canalizar una vía de bajo calibre que será insuficiente.

El médico confirma las sospechas de fracturas en extremidades inferiores y muñeca derecha. ¡Alberto su abdomen!…es duro y todo hace sospechar de sangrado abdominal de importancia que le está chocando. ¡Necesitamos meter volumen, el chico se nos va!

Los accesos venosos son inviables y uso pistola intraósea en húmero que entra a la primera.

Se agita, analgesia, relajación, sedación e intubación rápida. Pasamos primera carga de expansor de volumen a chorro que remonta tensión hasta el límite que es adecuado, más podría aumentar el sangrado y sería perjudicial.

Curas y vendaje de heridas locales. Férulas de vacío que inmovilizan ambas extremidades inferiores y pasamos a la ambulancia.

Remonta tensión y saturación, se va estabilizando. La chica pide ver a su novio y desde la puerta le dice entre lágrimas que le quiere y que todo va a salir bien, ahora no chilla, simplemente llora y se lamenta…” Nos casaremos pase lo que pase nos casaremos como veníamos hablando, nos casaremos. Dios va a querer que nos casemos”

Confirma a la Guardia Civil que vienen de una discoteca donde estuvieron toda la noche y que han bebido, pero controlan, ¡La culpa ha sido de un perro!

Activamos nuestro código trauma para que a nuestra llegada la asistencia sea rápida y por especialistas, ¡este chico necesita un quirófano ya!

Fue intervenido de varias fracturas y laceración hepática. Estuvo a un paso de irse, al final sobrevivió con una ligera cojera, problemas de hígado y autoreproches de por vida.

Una noche de fiesta, alcohol y un ”yo controlo” están detrás de muchas más muertes de las que nos podemos imaginar. Y no sólo eso, la cantidad de secuelas, de personas que quedaron con limitaciones de por vida y que aún lamentan aquel control irreal.

Y así otra batalla y así una profesión.